Inprecor en castellano

Revista de la Liga Comunista Revolucionaria (IV Internacional), nueva serie, 1979–1991

El despuegue vertical del oro

· Inprecor n.º 12, febrero de 1980 · pp. 13-20 · 9.168 palabras

El

despegue

del

oro

Ernest MANDEL E oro» suele atribuirse a dos factores: la • 1 aumento vertiginoso del «precio del pérdida de poder adquisitivo del dólar; la especulación alimentada por la «incertidumbre política», es decir, la anticipación a futuras depreciaciones aún más pronunciadas del dólar y otras monedas utilizadas internacionalmente como medio de intercambio y de pago.

Nadie negará que esta interpretación contiene dos elementos ciertos. Pero si se reduce a su más simple expresión, resulta manifiestamente insuficiente para explicar el despegue aparentemente sin límites del «precio del oro», expresado en dólar/papel.

Lo que más asombra es la desproporción entre ambos movimientos. En 1979; la tasa de inflación en los Estados Unidos es del 13%; el alza del oro es del 100%. Desde 1971, el poder adquisitivo del dólar ha disminuído en un 70%; el «precio del oro» se ha multiplicado por 10, es decir, ha aumentado en un 1.000%.

El oro es una mercancía, producto del trabajo humano como cualquier otra mercancía. Una fracción de la capacidad de trabajo globalmente disponible (recursos productivos globalmente disponibles) se consagra a su producción. Pensar que su «precio» (en papel moneda) puede distanciarse de modo duradero y total de su valor (puede evolucionar en relación al precio de las demás mercancías sin ningún vínculo con la evolución de la productividad del trabajo en las minas auríferas en relación a la de la industria y la agricultura), es pensar que los «especuladores» pueden impedir que funcione la ley del valor.

Evidentemente, esto se contradice con las tesis fundamentales de la teoría económica marxista.

Algunos complementan la explicación del alza del oro como consecuencia de la inflación y la especulación, con una auténtica teoría de la conspiración: según ellos, el imperialismo norteamericano lo provoca deliberadamente, continúa inundando el mercado mundial con sus dólares cada vez más depreciados, para poder saldar así a precio barato (prácticamente al precio que cuesta la impresión de los billetes de dólares) el importante déficit de su balanza de pagos. Esta explicación presupone por parte de los dirigentes del imperialismo una ignorancia que raya en la inconsciencia. Porque es manifiesto que el alza del curso del oro se ha convertido en un factor adicional y no de los menores para alterar la relación de fuerzas interimperialistas a expensas de

Por tanto, hay que desvelar las causas fundamentales, y más complejas, del alza cada véz más rápida del curso del oro. Debe relacionarse con las transformaciones que se han producido en el transcurso de los últimos decenios en la estructura de la «tercera edad del capitalismo», asi como con las formas que ha adoptado la larga depresión en la que se ha sumido la economía capitalista internacional durante El doble "mercado del oro"

El oro es ante todo una mercancía como cualquier otra, producto del trabajo humano. Pero el oro es también una mercancía particular, distinta a todas las demás en la medida en que es la mercancía adoptada como equivalente general, es decir, como contravalor de todas las mercancias, o sea, una moneda universal en el mer-

En tanto que mercancía normal, está sometida a todas las leyes del mercado. Si los precios de los relojes de oro o las joyas de oro aumentan excomportará una reducción de la producción, un reflujo de capitales del sector de la joyería hacia otros sectores. Pero en tanto que mercancía equivalente general, no puede haber «descenso de las ventas de oro». Toda cantidad suplementaria siempre un comprador, no como materia prima para la industria de lujo, sino como moneda universal, ya sea para ser puesta en circulación, ya para incrementar los fondos de los bancos centrales, ya para ser atesorada por particulares (1).

Esta aparente contradicción de los dos valores de uso del oro —es materia prima para la industria de lujo y sirve de moneda universal, es decir, de base de todo el sistema de papel moneda y créditos- se resuelve normalmente cuando el sistema monetario internacional se basa formalmente ya en el patrón oro, ya en el patrón oro más las divisas de reserva convertibles en oro. En efecto, en este caso los bancos centrales fijan un precio de compra estable del oro. Puesto que disponen de recursos suficientes para hacerlo respetar, reina un precio único del oro, tanto en el mercado particular como en el mercado institucional (relaciones entre bancos centrales), con un estrecho margen de fluctuación entre am-

Esto no significa en absoluto que los bancos centrales ponen fuera de juego la ley del valor en la industria aurífera. Esto quiere decir simplemente que todos los capitales que no obtienen la

Economía tasa de beneficio media al precio del oro fijado por los bancos centrales se retirarán de esta industria, que las minas menos rentables serán cerradas, que la renta diferencial obtenida por las sociedades que explotan las minas más ricas seguirán fluctuando según las fluctuaciones de los costes de producción relativos, pero siempre en relación al techo del precio de compra monopsónico impuesto por los bancos centrales.

En otras palabras: en este caso, la industria aurifera seguirá sometida a las leyes económicas objetivas. Pero estas no se aplican a través de las fluctuaciones del precio, sino a través de las fluctuaciones de la producción y de la renta diferen-

Es de este modo como funcionó grosso modo el sistema hasta 1971. Es cierto que desde 1968 dejó de funcionar el «fondo de oro» mediante el que los bancos centrales capitalistas trataron de controlar el precio del oro en el mercado de los particulares, y que surgió un distanciamiento creciente entre el precio del oro en este «mercado libre» y el curso institucional del oro en el seno del Fondo Monetario Internacional y de las relaciones entre bancos centrales. Sin embargo, este distanciamiento fue mínimo en relación al alza del «precio del oro» que se produjo posterior-

El inicio de este despegue puede fecharse exactamente: la decisión tomada en 1971 por la Administración Nixon de suprimir la convertibilidad del dólar en oro. Esta decisión transformó la naturaleza del mercado del oro. Cuando los bancos centrales dejan de comprar la producción corriente de oro a un precio fijado de antemano, el oro como equivalente general vuelve a convertirse en una mercancía de la que cualquier cantidad producida encuentra automáticamente un comprador en el mercado.

Se pasa de la situación monopsónica a la situación de monopolio. Se aplican las leyes de la renta minera: el valor del oro viene determinado a partir de ahora por las minas de oro que explotan los yacimientos menos rentables. Esto comporta un alza cada vez más rápida del valor del oro, puesto que a medida que ascienden los precios (siguiendo al valor), vuelven a abrirse las minas menos rentables, anteriormente cerradas, determinando automáticamente un alza del valor del oro, asi como un aumento de la renta diferencial de las minas que explotan los yacimientos más ricos.

"Desde 1889, cuando se vació la primera mina en las rocas auriferas de Witwatersrand, no ha habido ningún año en que se hubiera planificado, abierto o comenzado a explotar tantas minas nuevas en Africa del Sur como en 1979" (Neue Zürcher Zeitung del 10.10.79).

"En el Ueste está produciéndose una nueva fiebre del oro" (New York Times del 28.7.79).

En otras palabras, la inconvertibilidad del oro y los intentos de «desmonedizar el oro» han eliminado los techos que limitan la producción del oro mediante un precio fijado por los bancos centrales. La producción tiende a aumentar, lo que comporta un alza cada vez más rápida del valor, determinado por los costes de producción de las minas más pobres. Lejos de constituir un desafío a la teoría del valor-trabajo, el despegue del oro se explica aplicando esta teoría en estas condiciones de demanda ilimitada (penuria estructural), tal como fue elaborada por Karl Marx en el tomo III del Capital, y particularmente en toda la parte relativa a la renta de la tierra (2).

Cuando decimos: la producción tiende a aumentar, hay que entender además esta fórmula

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Economía n un sentido relativo y no necesariamente abso-

Puede significar también: tiende a dismiluir menos que lo que habría disminuído si exisiera un precio de compra fijado por los bancos entrales. Esta explicación viene confirmada por dos eries de datos: en primer lugar, la del precio del ›ro, que muestra claramente que el auténtico ›unto de inflexión de la evolución del «precio del oro» fue el momento de la declaración de la convertibilidad del dolar; la segunda se refiere a la evolución de los beneficios de las sociedades ¡udafricanas de la industria aurífera que explolan los yacimientos relativamente más ricos. En 1978, estos beneficios dieron un salto del 65% en comparación con 1977 (Banco de Pagos Internacionales, 49° Informe Anual, 11.6.79, Basilea). Para 1979 está previsto un aumento de las misproporciones (Neue Zürcher Zeitung, 18.9.79). La renta diferencial de las minas que explotan los yacimientos más ricos aumenta vertiginosamente. Se ha señalado el caso de la mina

Elena, donde los costes de producción ascienden a 100 dólares la onza. El sobrebeneficio que aporta, con un precio de venta de 400 dólares para el'año 1979, es fácil de calcular, sin hablar ya del se obtiene con un precio de venta de 500 ó 600 dólares.

Podríamos añadir un tercer dato: el del aumento de la producción mundial del oro, que durante mucho tiempo disminuyó. Es cierto que este dato es a primera vista menos concluyente, porque es más modesto: la producción pasó solamente de 955 toneladas en 1975 a 1.070 toneladas en 1979. Pero no hay que olvidar que la reapertura de las minas cerradas necesita su tiempo y que la cantidad suplementaria producida en la mina menos rentable no es en modo alguno determinante de la evolución del valor del oro. Basta con que la onza producida en las condiciones de menor rentabilidad encuentre un comprador para que le asegure a su propietario la tasa media de beneficio, es decir, para que sus costes de producción determinen el valor del Valor y precio del oro

El incremento del valor «intrínseco» del oro y su determinación por los costes de producción de las minas menos rentables, en función de la transformación del mercado del oro, es pues un primer elemento objetivo que explica el despegue vertical del «precio» del oro expresado en dólares papel. Pero no es el único.

En un sistema de monedas metálicas, es decir, cuando toda moneda es de oro, el «precio del oro» no tiene sentido. El precio es la expresión monetaria del valor. El «precio del oro» sería el valor del oro expresado en... oro; una onza de oro = una onza de oro. No sucede lo mismo en un sistema de monedas de papel. Aquí, la expresión «precio del oro» en papel moneda es en realidad el equivalente de la cantidad de oro que representa efectivamente cada unidad monetaria.

La fórmula «una onza de oro vale 35 dólares» significa entonces en realidad: un dólar representa 1/35 de una onza de oro.

En un sistema de moneda de papel con curso forzado y sumido en un proceso de inflación permanente, el aumento del «precio del oro» reflejará forzosamente esta depreciación. Cuando debido a la emisión excesiva de moneda fiducidiaria, y al hinchamiento excesivo de moneda escritural (créditos bancarios), cada onza de oro ya no está representada por 35, sino por 100 dólares, el «precio del oro» en dólares papel tendrá que triplicarse, mientras todo lo demás permanece igual.

Sin embargo, a largo plazo, las cosas no permanecen precisamente iguales. Si la tasa de inflación acumulada durante 30 ó 35 años es del 300%, esto se aplica al alza media de los precios de todas las mercancías. Pero si existen índices medios de crecimiento de la productividad del trabajo en la industria y la agricultura, sería asombroso que este incremento sea similar o idéntico al de la industria aurifera.

Por razones evidentes, ligadas a las condiciones naturales en que se extrae el oro de la tierra, la productividad del trabajo tendera a aumentar con menor rapidez en las minas de oro que en la industria y la agricultura contemporáneas. Esta regla sólo se ve alterada cuando se descubren bruscamente yacimientos o tesoros de oro muy grandes, nuevos y ricos, cosa que sólo sucedió tres veces en la historia del capitalismo: en el siglo XVI, con el oro mexicano; después de 1948, con el oro de California; y después de 1890, con el oro del Rand, en Africa del Sur.

Cuando la productividad del trabajo aumenta con menor rapidez en las minas de oro que en la industria y la agricultura (y a fortiori, cuando spegeab lab

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desciende), una misma cantidad de oro se cambiará por una cantidad creciente de acero, de tejidos, de trigo, etc. (o lo que es lo mismo, una misma cantidad de productos industriales y agricolas se cambiará contra una cantidad decreciente de oro). Se produce por tanto un alza del valor relativo del oro en comparación con el de las demás mercancias.

La inflación de la moneda de papel puede ocultar evidentemente el descenso del valor de las mercancías. Cuando decimos que el índice medio de los precios ha aumentado en un 300%, pero que al mismo tiempo el valor relativo del oro en comparación con las otras mercancías se ha doblado (la productividad del trabajo ha aumentado dos veces menos rápidamente en las minas de oro que en la industria), el «precio del oro» expresado en dólares papel deberá dar normalmente un salto del 300%, sin tener en cuenta ni siquiera lo que sucede en el interior de la producción aurífera (es decir, sin tener en cuenta la ampliación de la producción hacia minas cada vez más marginales).

Para esquematizar el razonamiento desde el punto de vista de la teoría del valor-trabajo, podemos representarlo mediante las siguientes fórmulas:

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situación de partida: 1 onza de oro 1 tonelada de acero 1 jornada de trabajo precio de la onza de oro y de la tonelada de .. acero 20 dólares 30 años más tarde: 1 onza de oro producida en ½ jornada de traI tonelada de acero producida en ½ de jornada 1 onza de oro = 2 toneladas de acero precio de la tonelada de acero = ½ onza de oro = 60 dólares con la tasa de inflación aparente 1 onza de oro representa ahora 120 dólares (es su «precio» en dólares papel depreciados). El aumento del «precio del oro» en un 600% es por tanto fruto de la tasa de inflación media y de la tasa de reapreciación del valor del oro en rclación al valor medio de las demás mercancias.

De hecho, podemos evaluar a grandes rasgos que entre 1910 y 1980 ha habido un incremento de la productividad media del trabajo del 800% en la industria y la agricultura, mientras que sólo ha habido un aumento del 250% en la productividad media del trabajo en las minas de oro de Africa del Sur. La reapreciación del oro en comparación con la media de las demás mercancías es, por tanto grósso modo, del 300%. La tasa de inflación media en los Estados Unidos, 1910 y 1980, es de alrededor del 750%. El «precio de producción del oro», expresado en dólares depreciados, debería situarse entonces en 22,5 veces 20 dólares, o sea, 450 dólares, teniendo en cuenta la reapertura de las minas marginales (el «precio del oro» en 1910 era electivamente de 20 dólares la onza, pues permaneció estable durante un siglo, hasta la devaluación del dólar en 1934, que lo elevó a 35 dólares).

que olvidar que en el regimen capitalista los precios del mercado no son jamás idénticos al valor (o más exactamente, al precio de producción en las minas menos rentables), sino que oscila en torno a este valor, bajo la influencia de las fluctuaciones de la ofer-

Es un hecho que desde hace 20 años la demanda de oro aumenta más rápidamente en el sector privado que la oferta. Esto se debe ante todo al incremento de las necesidades industriales (en las que interviene también, sin embargo, un elemento de atesoramiento, pues no pocas joyas de oro se compran con este fin). Existe además el atesoramiento privado corriente, que asciende a varios centenares de toneladas

A estos dos factores habituales se desde comienzos de los años 70, un tercer factor, el de la acumulación de enormes haberes en dólares papel, en via de depreciación acelerada, en manos de capitalistas privados y de instituciones públicas al exterior de los Estados Unidos. Pero una parte de estos haberes representa una demanda potencial o virtual creciente de oro, frente a una oferta más o menos estable (4).

El total de los haberes en dólares acumulados en manos de propietarios no norteamericanos no ha dejado de crecer después de 1973. En el cuadro 1 se muestra la evolución aproximada, en lo que se refiere a los haberes netos depositados en eurodólares, a los que hay que añadir además, en 1977, 1978 y 1979, unos 100.000 millones de dólares depositados en los bancos off-shore (nadie conoce las cifras exactas).

Los principales detentores de estos haberes son los bancos centrales de algunos países de la OPEP, así como los bancos centrales de las principales potencias imperialistas, fuera de los Es-

Cuando decimos que una parte de estos haberes representa una demanda potencial o virtual

-solamente una parte-, es por una razón muy sencilla: es necesario que la caída del tipo de cambio del dólar permanezca muy inferior a la tasa de incremento del «precio del oro», para que los propietarios de las grandes de dólares estén interesados en especular contra el dólar. Si Kuwait vende 1.000 micomporta una caída del tipo de cambio del dólar del 10% y una alza del oro del 100%, y suponiendo que el banco de este país detentara al principio 10.000 millones de dólares, la ganancia neta sería de 100 millones (9.000 millones pierden un valor de 900 millones, 1.000 millones transformados en oro valen ahora 2.000 millones). Pero si la venta de 5.000 millones de dólares a cambio de oro provoca un hundimiento del tipo de cambio del dólar del 90%, ni siquiera un aumento del precio del oro del 150% evitaría una pérdida global notable: al cabo del año, los 5.000 millones de dólares ya sólo valen 500 millones, mientras que los 5.000 millones vendidos a cambio de oro valen 7.500 millones, es decir, una pérdida neta de 2.000 millones.

Los detentadores de las grandes reservas de dólares están por tanto interesados en comprar el oro solamente en la medida en que no desencadene un hundimiento del tipo de cambio del dólar. El comportamiento de los bancos centrales de los países excedentarios de la OPEP (Arabia Saudi, Emiratos del Golfo, Kuwait), coresponde desde hace uno o dos años exactamente a estos cálculos. Es su demanda (transmitida por intermedio de los bancos alemanes, suizos, etc.) y no la de los especuladores particulares, la que absorbió el grueso del oro vendido por el Fondo Monetario Internacional, la Federal Reserve norteamericana, Africa del Sur y la URSS (5). Pero se han cuidado muy mucho de lanzar al mercado el conjunto de dólares que

Dado que esta enorme demanda suplementaria (sólo el 10% de estos haberes acumulados representan varias decenas de miles de millones de dólares) hace frente a una oferta relativamente inelástica, que en el mejor de los casos ruptura brutal del equilibrio entre la oferta y la demanda, una tendencia al alza del «precio del oro», sobrepasando claramente su valor (el precio de producción). Este es el cuarto y último elemento que explica el despegue vertical del «precio del oro», además de la transformación del mercado, de la reapreciación relativa del oro en comparación con la media de las mercancías, y de la inflación permanente.

Pero ni siquiera este factor merece el nombre de «especulación», puesto que se trata de un mecanismo económico clásico. La «especulación» propiamente dicha, es decir, el elemento de anticipación, sólo desempeña un papel harto marginal en el alza del oro y no interviene, en definitiva, sino en quinto lugar entre los factores

Puesto que la tasa de aumento del oro sobrepasa, y con mucha diferencia, la tasa de inflación de las principales divisas, el valor de la venta anual de oro (producción corriente más fracción de la reserva mundial puesta a la venta) sobrepasará pronto o tarde la demanda (demanda corriente más la parte de los dólares acumulados convertidos anualmente en oro).

A 600 dólares la onza, 1.500 toneladas ofre-

Economía cidas anualmente en el mercado (es decir, aproximadamente 45 millones de onzas) absorberían ya unos 27.000 millones de dólares papel. 1978, el excedente acumulado por los países de la OPEP sólo ascendió a 7.000 mil millones de dólares. Es cierto que en 1979 han pasado a 65.000 millones, pero nada indica que el alza del «precio del oro» se detendrá en los 600 dólares la onza...

Las relaciones entre la oferta y la demanda no evolucionarán por tanto indefinidamente en el sentido de que el precio del oro se distancie mucho en relación a su valor intrinseco (a su precio de producción). El «precio del oro» podrá descender de nuevo, evidentemente sin volver jamás a los niveles de 35, 42 ó incluso 100 dólares la onza. Recordemos que ya hubo un precedente: entre finales de 1974 y el otoño de 1977, el «precio del oro» había descendido de 200 a 125 dólares. El aumento del 'valor relativo" del oro tiene dos raíces

Al definir la reapreciación del oro en comparación con la media de las demás mercancias, habiamos subrayado las causas naturales del retraso del incremento de la productividad del trabajo en las minas auríferas en comparación con el de la industria y la agricultura en promedio: agotamiento progresivo de los yacimientos más ricos; necesidad de escarbar cada vez mayor profundidad para proseguir la producción; duración cada vez más larga y costes crecientes de exploración, antes de que la búsqueda de nuevos yacimientos rentables de resultado; gastos crecientes de las transformaciones tecnológicas, etc. Pero a estas causas naturales hay que añadir

La industria aurífera de Africa del Sur logró realizar el «milagro económico» de mantener prácticamente inalterados los salarios de los trabajadores negros durante tres cuartos de siglo, sinó modificarlos exclusivamente a la baja (7).

Todo el secreto del apartheid y toda la responsabilidad fundamental del imperialismo en este sistema inhumano, salen a la luz con las ci-

Según el mismo autor, el contravalor del salario en especie era de 199 rand por año, en 1969. En 1961, era de 146 rand, frente a los 338 rand del salario anual medio de los trabajadores negros en la construcción y los 370 rand como salario anual medio de los trabajadores negros de la industria manufacturera. Y el mismo autor añade el siguiente análisis, que relaciona admirablemente la explicación de estos salarios de hambre con el sistema del apartheid:

"Pueden pagarse salarios más bajos, en la medida en que la base rural suministra ingresos complementarios a una mano de obra oscilante (lemporera)... en 1961, un grupo importante estimó que habría costado 180 rand más al año asegurar la subsistencia de la familia de un minero negro en una zona urbana, y esto en lo que se refiere a la alimentación, la vivienda y la calejacción. Además, los costes de los servicios municipales, incluídos los servicios médicos para las familias, habrían ascendido a 20 rand por hogar. El coste medio para reclutar un minero era de alrededor 30 rand por obrero y año. Empleando una mano de obra migratoria mas que sedentaria, el grupo que podemos considerar como representativo de la industria en su con-

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conomía economizó un total de 170 rand por tinero y año (es decir, redujo el salario de hama menos de la mitad)... Otra ventaja muy portante para la industria del sistema de la lano de obra oscilante, dado el marco socioolítico en el que opera, es el control mucho más stricto de esta mano de obra, y por tanto la osibilidad de reducir al mínimo los conflictos Se trataba de unas condiciones de trabajo claamente semiesclavistas (8) en las minas de oro el Rand. Es evidente que esta evolución de los alarios no refleja en modo alguno un precio de a fuerza de trabajo vendido por trabajadores ibres en un mercado libre. Pero a largo plazo, stas condiciones de trabajo han chocado con las ealidades económicas transformadas en Africa lel Sur en vías de rápida industrialización, y con as realidades sociopolíticas nuevas del Africa legra. Cada vez resultaba más difícil reclutar nano de obra del Sur para las minas del Rand. tabía que sustituirla progresivamente por mano le obra procedente de los países colindantes: 3otswana, Lesotho, Malawi, Mozambique. intiimperialista en todo Africa, incluso en los ›aíses limítrofes, estas fuentes de mano de obra impezaron a agotarse también. Entonces habia que emprender la via del aumento de salarios de os mineros negros, para poder reclutar la mano obra en la propia Africa del Sur. comportó un incremento de los costes salariales en parte codeterminado por la inflación internacional importada a Africa del Sur, es decir, por la depreciación del dólar en relación al oro, provocando un alza de los productos importados en Africa del Sur y de los costes de producción

El salario de un minero negro, que trabaja en equipo, pasó de 0,8 rand en 1970, a 1,6 rand a finales de 1974 (Neue Zürcher Zeitung, 30.11.-

Paradójicamente, pese al régimen de apartheid y al control imperialista sobre la producción minera de Africa del Sur, podemos decir que la apreciación del oro en relación a las otras mercancías refleja también, aunque de manera indirecta, los efectos de la revolución colonial, del cambio de las relaciones de fuerzas entre el imperialismo y, en este caso, las capas sociales antiimperialistas en todo el mundo. Este cambio de las relaciones de fuerzas es en parte «rentabilizado» por la burguesía (y las demás clases poseedoras) de los países semicoloniales. Como en el caso de los países de la OPEP, la burguesía sudafricana y el Estado sudatricano se aprovechan de esta revaluación del oro, que constituye así una forma de redistribución de la plusvalía mundial entre la burguesía imperialista y la burguesía de los países semicoloniales (y al interior de los países imperialistas, entre los monopolios que detentan lo esencial de sus inversiones en el sector manufacturero y los monopolios que realizan lo esencial de sus inversiones en sectores de materias primas, como el petróleo, el oro, el diamante, la plata, el uranio, etc.). Pero los trabajadores sudafricanos también se benefician un ¿Una transformación del sistema monetario internacional?

El aumento explosivo del «precio del oro» tuvo un efecto radical (fácilmente previsible, salvo para los partidarios fanáticos de la «demonedización» del oro, que confundían sus deseos con la realidad) en el sistema monetario internacional. Pese a la explosión, más fuerte que nunca, de los petrodólares en circulación, el año 1979 ha sido el primero, en más de 20 años, en que la parte del oro en los fondos de los bancos centrales ha aumentado más fuertemente que la parte del dólar en el conjunto de las monedas de reserva (esto, evidentemente, evaluando los fondos en oro al precio medio del mercado y no al precio fáctico de 45 dólares la onza) (véase el

Si el aumento del «precio del oro» prosiguiera en 1980 ó en 1980-81 con el ritmo de 1979 (50% de aumento al año en lugar del 100%) —cosa que no es muy probable, pero tampoco imposible—, se llegaría a una situación similar a la de 1928, es decir, en que la cobertura de oro de las principales monedas imperialistas sería igual o superior a lo que se considera necesario para asegurar la convertibilidad de las monedas de papel en oro, aunque la inflación siguiera el

Todo sucede pues como si «el alza del oro» automático, a través del cual la ley del valor, es decir, las leyes objetivas que dirigen la economía de mercado, toman su revancha por las manipulaciones y «políticas económicas» de los gobiernos, los bancos centrales, los Estados y los monopolios.

Esto es tanto más cierto cuanto que la repartición del stock de oro entre las principales potencias imperialistas se aproxima paso a paso a la parte que ocupa cada una de ellas en las exportaciones mundiales (la parte correspondiente a los Estados Unidos es actualmente del 16%) silas ventas de oro de la Federal Reserve se mantienen al ritmo actual (en estos momentos, afectan a unos 9.000 millones de onzas al año). En 5 años, si todo lo demás permanece igual, la parte correspondiente a los Estados Unidos en el stock de oro descendería así al 15% (véase el cuadro n°

Una de las consecuencias del «despegue del oro» es que los Estados Unidos vuelven a tener ahora de nuevo la posibilidad de saldar en oro el déficit corriente de su balanza de pagos, sin agotar rápidamente las reservas que detentan. En 1979, este déficit sólo alcanzó los 2.500 millones de dólares. Con un curso de 400 dólares la onza, sólo habrían necesitado vender 6 millones de onzas de oro, es decir, un poco más del 2% del stock detentado por los Estados Unidos. E incluso si el déficit alcanzara de nuevo unas sumas del orden de 10.000 millones de dólares (lo que es poco probable como tendencia general, y sólo se producirá en algunos años excepcionales), y con la ayuda del alza del curso del oro (que podría pasar, por ejemplo, de 600 a 700 dólares la onza), la venta del 4% del stock detentado por los Estados Unidos permitiría saldar casi todo

Repitámoslo: todo sucede como si el alza del precio del oro vuelve a poner un poco de

«orden» y a introducir la «verdad objetiva» en el funcionamiento del sistema monetario internacional. Los desequilibrios aún existentes entre la distribución del stock de oro de los países imperialistas —proporción aún demasiado elevada de los Estados Unidos, y demasiado reducida del Banco de Japón— serían eliminados "automáticamente", si los países im-.

perialistas con una balanza de pagos deficitaria saldaran sus déficits total o parcialmente en oro:

"Se podría descubrir fácilmente que el papel más útil del oro detentado por las instituciones

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Economía públicas... consistiria en facilitar algunos problemas de pagos oficiales (entre bancos centrales)... Saldando cierta proporción de los balances acreedores (de los principales produclores de petróleo) en oro —fundamentalmente manifestando una voluntad de aprovisionar el mercado de oro como es debido (orderly way)—, se reducirían proporcionalmente las sumas que deberian pasar de lo contrario a través del sislema bancario internacional, cuyas capacidades de reciclaje ilimitadas están ahora ampliamente puestas en tela de juicio" (editorial del Financial Times, 4.1.1980).

O hemos comprendido mal, o se trata efectivamente de un llamamiento de un portavoz del capital financiero británico al gobierno norteamericano (y a todos los gobiernos imperialistas), para llegar a esta solución —es decir, para utilizar las ventas de oro con el fin de saldar una buena parte de sus déficits corrientes de la balanza de pagos (este sería el sentido de la fórmula «ordely way» = «como es debido»). Cambio sensacional de actitud por parte de este capital financiero, que durante el decenio pasado fue el principal apoyo, junto al de los Estados Unidos, del esfuerzo fracasado por «desmonedizar el ого».

Al mismo tiempo, una gran astucia en lo que se refiere a las relaciones entre la OPEP y los países imperialistas. La OPEP se queja de que le paguen en dólares que se deprecian constantemente. «Estupendo» responden los imperialistas: «saldaremos nuestros déficits con vosotros en oro, que se reaprecia exactamente al mismo ritmo (se entiende que a largo plazo) que el petróleo»: una onza de oro = 18 o 20 barriles de petróleo, lo que se explica fácilmente, dada la similitud de las condiciones de extracción (de producción) de ambos minerales. Además, esta «solución» tendría la ventaja suplementaria de frenar el ritmo de inflación en los Estados Unidos (y de carambola, el ritmo de la inflación mundial), una de cuyas fuentes (no la principal, pero una de ellas) es el incremento de los dólares papel puestos en circulación para saldar el déficit de la balanza de pagos de los Estados Unidos.

Desde el punto de vista de los pueblos de los países de la OPEP —de la perspectiva de su desarrollo económico, social, cultural—, detentar unos stocks de oro mayores es tan estéril e inútil como detentar haberes crecientes en dólares en los bancos imperialistas. Pero desde el punto de vista de sus clases poseedoras capitalistas, la diferencia es de calibre: los haberes en dólares se deprecian; los haberes en oro conservarán su valor o seguirán aumentando, constituyendo una reserva, un tesoro, más real que los haberes 6.3%7%6% en dólares.

¿Significa esto que el alza del curso del oro nos lleva de nuevo poco a poco a un sistema internacional basado en el patrón oro? Existe un obstáculo grandioso en este camino de retorno: es que si la repartición de los stocks entre las principales potencias imperialistas puede volver gradualmente, y más o menos automáticamente, a una situación que refleja en grandes rasgos sus proporciones respectivas en el comercio mundial, no sucede lo mismo con los países capitalistas en su conjunto.

Los países semicoloniales, que participan con un 22% aproximadamente en las exportaciones mundiales, sólo detentan el 10% del stock mundial de oro. Los países de la OPEP, cuya participación en las exportaciones mundiales es del orden del 11%, sólo detentan alrededor del 2,5 al 3% del stock mundial de oro. E incluso si los países imperialistas saldaran la mayor parte de

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conomía 1 déficit con los países de la OPEP en oro, con n curso del mismo 600 ó 700 dólares la onza, se ecesitaria mucho tiempo para que esta parte Lo que lleva implícita la evolución actual es na especie de contradanza entre el alza de los productos manufacturados, xplotados por los países imperialistas al «tercer mundo», y el alza del petróleo (más moderada a argo plazo, porque incluso en caso de estableerse efectivamente unos indices, la ley de la ¡ferta y la demanda seguiría actuando, y los pales imperialistas reducirían progresivamente su lemanda de petróleo), lo que conllevaría a un lumento paralelo del precio del oro, y por tanto u redistribución progresiva en beneficio de los países excedentarios, lo que permitiría mantener 1 un nivel alto el volumen de las exportaciones le los países imperialistas a los países de la OPEP y la tasa de beneficio de los monopolios :xportadores frenando al mismo tiempo la tasa

Sin embargo, si esta contradanza parece ele¿ante y razonable (desde el punto de vista imperialista), en cuanto a los. países de la OPEP, los danzarines se rompen la crisma en un suelo demasiado resbaloso, el de los paises semicoloniales no exportadores de petróleo. Porque dado que estos países tienen una balanza de pagos estructuralmente deficitaria, y que el alza del petróleo aumenta aún más este défficit, no tienen ningún medio de adquirir un stock de oro suplementario y se verían condenados a la banpatrón oro, lo que conduciría la hundimiento del

El problema de ios países semicoloniales con una balanza de pagos deficitaria (entre los que se encuentra, dicho sea de paso, un número creciente de paises de la OPEP), no puede resolverse sino mediante una expansión contínua del crédito internacional, si se trata de evitar una caída radical de sus compras de mercancías imperialistas. Pero este crédito internacional reclama un medio de pago universalmente aceptable por los vendedores de mercancias y los acreedores, es decir, una «moneda universal», distinta del oro y desvinculada de este, es decir, una cosa imposible de encontrar en la economía mercantil (salvo en forma de papel moneda, que se deprecia continuamente).

¿Significa esto que en definitiva permaneceremos en un sistema monetario internacional en gran medida desprendido del oro, es decir, que 'continuaremos viviendo en la práctica bajo un régimen de «patrón dólar»? En absoluto. Están desarrollándose toda una serie de transformaciones graduales que subrayan el papel declinante del dólar en el sistema monetario internacional, y el papel creciente del oro: • Un banco central después de otro valora ya su stock de oro en sus balances ordinarios, según el precio corriente del mercado y no según el precio ficticio del FMI, surgido de los acuerdos de

1971, de 45 dólares la onza. Los bancos centrales que siguen aún al pie de la letra este acuerdo en materia de cálculo de las reservas de cambio, constituyen ya una minoría entre las principales potencias capitalistas, y no ya la mayoria.

sólo ya una cuestión de tiempo para que la Federal Reserve haga lo propio.

• En el sistema monetario europeo, las operaciones en oro entre bancos centrales se reintroducen y comienzan a ser practicadas, aunque todavía a escala muy modesta. Además, la ECU (Unidad de Cuenta Europea) es oficialmente una moneda con cobertura de oro.

• Los países de la OPEP exigen con insistencia que el cálculo del precio del petróleo ya no se realice en dólares, sino con una cesta de monedas de los principales paises imperialistas. Esto desembocará en la exigencia de que el pago efec-• tivo del petróleo se haga con la misma cesta. • Los propios EE.UU., que han cambiado radicalmente su postura a este propósito, comienzan a presionar sobre la RFA, Japón (y en menor medida sobre otras potencias imperialistas), para que acepten que su moneda desempeñe el papel de moneda de cambio de otras divisas junto al dólar. Estos países se resisten a dicha presión, pues no desean verse sometidos a las oleadas de especulación contra las divisas que prevén en caso de que su moneda desempeñara efectivamente este papel. Esto no impide que la parte correspondiente al marco alemán, al yen japonés, al franco suizo, y al florin holandés, en las reservas de cambio, así como en el mercado de las eurodivisas, aumente lenta pero cons-

Sobre una cifra declarada por los bancos de depósitos en el euromercado de 373.000 millones de dólares a mediados de 1979, una cuarta parte ya estaba constituída por depósitos en marcos y francos suizos. Además, algunos bancos centra-. les, sobre todo del Sudeste asiático y de Oriente Medio, detentan unas reservas de cambio en forma de haberes en yen, equivalentes a unos 10.000 millones de dólares. • Al mismo tiempo, la parte del comercio mundial que se salda en dólares se reduce gradualmente, si bien a un ritmo lento. La parte de las exportaciones mundiales libradas y saldadas en otras monedas aumenta paralelamente. La amenaza del ayatola Jomeini de no aceptar más el dólar para pagar el dólar iraní no era necesaria para desencadenar este movimiento, ni para acelerarlo aún más. Esto se deriva inevitablemente de la diferencia de las tasas de depreciación (de inflación) del dólar, por un lado, y del marco, del yen, del franco suizo, etc., por

Actualmente, alrededor del 25 al 30% de las exportaciones japonesas se libran en yen, y aproalemanas (aunque solamente el 45% de las importaciones) se libran en marcos (Euromoney.

• Paradójicamente, y por la misma razón, los países más interesados en mantener el «patrón dólar» (con un dólar en «caída libre») son los países semicoloniales más endeudados.

este «patrón dólar» reduce un poco las cargas de su deuda, pues les permite prestarse fondos en una moneda «buena» y pagar la deuda en una

«mala» (con una tasa de media acumulada del 7% anual, el dólar pierde el 50% de su valor en 6 años, es decir, que un préstamo de 100 millones de dólares se devuelve con un equivalente, en poder adquisitivo, de 50

Este comportamiento, por lo demás, no sólo es propio de los gobiernos: "Los eurobancos tienden a endeudarse en monedas débiles y a ser acreedores en monedas fuertes" (Journal de

Genève, 10.9.79). Recíprocamente, y por la misma razón aparentemente paradójica, los principales prestamistas, es decir, los grandes bancos privados, incluso los de los EE.UU., empiezan a querer desembarazarse del «patrón dólar» que los desfavorece, como toda inflación acelerada al acreedor y favorece al deudor.

En el mismo orden de ideas, los bancos privaempiezan a aceptar la inclusión de los

«valores reales» (sobre todo el oro, aunque también los diamantes y la plata) en la cobertura de los créditos concedidos a sus clientes, en la cobertura de fondos de pensiones e incluso en su propia cobertura (Business Week, 31.12.79). El oro y la crisis

La larga depresión en que está sumida la economía capitalista internacional tiene un doble aspecto, como toda crisis capitalista: es a la vez el resultado de un descenso de la tasa media de beneficio y la expresión de una sobreproducción. Las cuestiones monetarias y el alza del oro estan vinculadas a esta naturaleza de la crisis por el doble anillo de la explosión de los tipos de interés y de la aceleración del sistema crediticio internacional, que frisa periódicamente con el hundimiento.

En el plano interno, la recuperación modesta, desigual y vacilante, de los años 1976-1978, sólo fue posible gracias a una nueva explosión inflacionista del crédito. En los EE.UU., la deuda de las empresas creció a finales de 1979 a un billón de dólares (el 40% más que en 1975). La deuda privada y pública en total alcanza casi los 4 billones de dólares (el 50% más que en 1975). Esta es la causa fundamental de la inflación permanente.

Pero si este proceso es aún parcialmente controlable al nivel nacional, mediante la política coyuntural de los gobiernos y de los bancos centrales —dada la propia naturaleza del papel moneda, con un curso forzado-, no existe nada comparable al nivel del mercado mundial. En este caso no existe ningún «prestamista de última instancia», no existe ninguna política coyuntural unificada que pueda ser impuesta por quienquiera que sea. La explosión del endeudamiento internacional (nada menos que 350.000 millones de dólares en lo que respecta únicamente a los países del llamado «tercer mundo») confronta al capitalismo internacional con una contradicción irresoluble: o arriesgar el estrangulamiento del comercio mundial, o correr el riesgo de la quiebra de algunos grandes deudores, y con las enormes pérdidas que de ahí se derivarian, lo que plantea el problema de cómo repartir estas perdidas entre las distintas fracciones (privadas y

«públicas»), del capital financiero internacional, y el problema de evitar un crack bancario generalizado que amenaza con aparecer al final de esta loca carrera (10).

Que el alza del oro, aunque sea su resultado, estimula por el momento a su vez, la inflación del dólar, la inflación de la mayoría de monedas de papel y por tanto el alza de los tipos de interés, se puede probar fácilmente con datos empíricos. Que el alza de los tipos de interés, a partir de cierto nivel, chocan con el descenso, el estancamiento o incluso la insuficiente recuperación de la tasa media de beneficio, y desacelera, frena, sinó estrangula, la inversión productiva, es también la misma evidencia. El carácter vacilante de la recuperación de 1976-78, los signos multiplicadores de la nueva recesión en 1979-80 están ahí para confirmarlo.

Pero mediante el propio juego de la reorientación de los créditos internacionales (el reciclaje de los petrodólares por los bancos privados y en beneficio de los bancos privados y de los grandes monopolios exportadores de los países imperialistas), todos los paliativos gracias a los que el sistema capitalista internacional ha evitado hasta ahora un crack del tipo de 1929, chocan ahora con los efectos del despegue vertical del oro. Ya hemos señalado que ante este despegue, y la

«caída libre» del dólar, los préstamos en dólares se convierten cada vez más en un mal negocio

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para los bancos (hasta el simple atesoramiento de oro sin ninguna rentabilización habría sido mucho más rentable, en los útlmos tres años, que unos préstamos al 7, 8 ó 10% de interés a gobiernos que además corren el riesgo de resultar insolventes). El progresivo hundimiento del «patrón dólar» señala los límites de la inflación como amortizador temporal de la crisis, es decir, los límites de la inflación crediticia, es decir, los límites del crédito, es decir, los límites de los «mercados de sustitución».

La misma gravedad de la crisis es por tanto una de las tendencias fundamentales que explican el despegue vertical del oro. No es sobre todo el miedo a la depreciación contínua del dólar, y de las demás monedas de papel, sino el hundimiento del sistema crediticio en función de la crisis es decir, en función de la tasa media de beneficio insuficiente y de la sobreproducción potencial o virtual —que se encuentra en última instancia en la base de la pasión por el oro.

Marx lo había comprendido y analizado hace más de un siglo: 'Mientras que trata del "capital' ex profeso, la economía (política) ilustrada contempla el oro y la plata con el mayor desprecio, como la forma del capital que en ejecto es la más indiferente y la más inútil. Pero cuando trata del sistema bancario, todo se invierte, y el oro y la plata se convierten en el capital por excelencia, a cuya afirmación debe sacrificarse toda otra forma de capital y de trabajo. ¿Pero cuáles son los rasgos que distinguen el oro y la plata de las demás representaciones de la riqueza? No la cantidad de su valor, pues esta viene determinada por la cantidad de trabajo objetivo que contiene. Se distinguen por el hecho de ser encarnaciones independientes, expresiones del carácter social de la riqueza... Esta existencia social (de la riqueza) aparece por tanto como algo exterior a ella, como un objeto, una cosa, una mercancía, al lado y al exterior de los elementos reales de la riqueza (de la masa de mercancías cuyo valor de uso satisface las necesidades de los hombres -E.M.). Mientras la producción se desarrolle normalmente, esto se olvida. El crédito, también una forma social de la riqueza, hace retroceder a la plata (el oro y la

460 Precios del oro 440 (dólares de EE.UU. por onza de oro fino) París N° Londres 280 260 Junio Julio Ag. Sept. Oct.

620

600.

580

560

540

520

500-

480

Datos Departamento do Tesoreria del FMi

Nov.

(en miles de millones de dólares)

comienzos de 1973

3er. trimestre 1974 finales 1975 finales de 1976 finales de 1977 finales de 1978 finales de 1979

HABERES NETOS DEPOSITADOS EN EURODOLARES

1000

150

180

200

270

340

380

INDICE DE INGRESOS REALES DE LOS TRABAJADORES

NEGROS EN LAS MINAS DE ORO DE AFRICA DEL SUR

(100 = 1936)

Año

Salarios en especie más raciones de comida gratuitas y otras ventajas en especie

1911

111

1912

77

1931

91

1936

100

1941

93

100

1946

93

1951

96

1956

1961

96

1966

107

1969

108

Fuente: Francis Wilson, Labour in The South Africans Mines,

1911-1969, Cambrigde University Press.

B en % de A

฿

Valor total de las Valor de los fondos reservas de cambio en oro al precio de los bancos cen- corriente del mercado

(en miles de millones de dólares corrientes)

1928

13,01

9,8

75,5 %

1938

27,80

25,9

93,1%

56,6

63,0%

1951

35,6

37,6

60,0%

1955

62,6

40,5

74,2

54,6 %

1960

40,9

50,3 %

1966

72,6

41,3

92,5

44,6%

1970

127,8

1975

44,2 %

1976 (finales)

123,3

39,8%

1977 (finales)

172,9

41,6 %

1978 (finales)

185,6

44,2 %

1979 (finales)

710,0

420,0

59,1%

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conomía

-E.M.), y usurpa su puesto. Es la conanza en el carácter social de la producción que ice aparecer la forma monetaria de los proectos como algo que tiende a desaparecer y go ideal, como simple y pura representación. ero cuando el crédito queda trastocado y se ata de una fase siempre inevitable en el ciclo dustrial moderno, toda la riqueza real debe ansformarse real y bruscamente en moneda, en ro y plata, exigencia idiota pero que es el proucto necesario del propio sistema" (El capital, imo 3, MEW, tomo 25, pp. 588-389, traducImposible resumir mejor la evolución de los Itimos 30 años, tanto desde el punto de vista de is realidades económicas como el de las conepciones económicas predominantes en la sociead burguesa. Keynes decía que el oro es un metal bárbaro». Es mucho más profundo consItar, con Marx, que el régimen capitalista es racional y bárbaro, que conduce inevitablelente a la crisis después de cada fase de proseridad. La rehabilitación periódica del oro, en 1 práctica y en la teoría, no es sino un reflejo intético de esta irracionalidad y de esta bararie, que condenan a la miseria, al hambre, ino a la muerte, a millones de seres humanos, o porque el mundo produzca demasiado poco, ino porque no puede consumir los bienes que roduce sin que estos pasen por la moneda, es ecir, de nuevo, cada vez más, por el oro. PARTE DE LOS EE.UU. EN LOS FONDOS EN ORO DE LOS BANCOS CENTRALES DE LOS PAISES CAPITALISTAS

28,3 % 38,0 % 43,4 % 71,7 % 64,2 % 57,8 % 44,0 % 30,7 % (9) 26,8 % 25,7 % 24,2 %

NOTAS (1) 'En los lugares de producción, los metales

Use intercambian directamente por otras mercancías. Por tanto, hay una venta (por parte de los propietarios de las mercancías) sin una compra previa (por parte de los propietarios de oro y de plata). Y las ventas ulteriores, no seguidas de compras, no son sino los mecanismos de mediación a través de los cuales los metales preciosos se reparten entre todos los propietarios de mercancías. Asi, en todos los puntos de la circulación se constituyen tesoros de oro y plalas proporciones más diversas. Con la posibilidad de conservar la mercancia en forma de valor de cambio, o al valor de cambio en forma de mercancía, se despierta la sed de oro...

La pasión del atesoramiento es por naturaleza

Cualitativamente, desde el punto de vista de su forma, la moneda (metálica) no tiene límites, es decir, es el representante general de la riqueza material, puesto que puede intercambiarse por cualquier mercancía. Pero al mismo tiempo, toda suma de dinero real es cuantitativamente limitada, y por tanto solamente un medio de compra con un efecto restringido. Esta contradicción entre el límite cuantitativo y la ausencia de límites de la moneda, atesorador a un auténtico trabajo de Sisifo de la acumulación. Es como un conquistador del mundo que con la conquista de cada nuevo país no hace más que conquistar una nueva frontera". (Karl Marx, El Capital, tomo 1, capitulo 3, MEW, tomo 23, pp. 145—146. Traducción (2) Ver particularmente los capitulos 38-42 del tercer tomo de El Capital, aunque también, más en general, el capítulo 10 del tomo 3, pp. 188-193-194, 209, de la edición alemana MarxEngels-Werke (MEW), tomo 25. (3) Decimos una tasa de inflación aparente del

300%, porque expresa simplemente el alza de los precios en papel moneda depreciada. La tasa de inflación real tendría en cuenta el hecho de que los precios aumentados se refieren a valores a la baja, es decir, que se establecería entre un 600 y 1.200%, medida de la depreciación real de (4) A la producción corriente hay que añadir, además de las ventas de stocks por el FMI y la

Federal Reserve norteamericana (los demás bancos centrales no parecen haber vendido oro), las ventas anuales de la URSS, a cambio particularmente de sus compras masivas de cereales.

de estos tres elementos la que representa la oferta anual. Desde 1975 ha venido aumentando regularmente, pese a la estabilidad bastante pronunciada de la producción. Este aumento se debe a las ventas de las instancias públicas occidentales (pasando de 35 toneladas en 1975 a 325 toneladas en 1978 y 430 toneladas en 1979). (Banque des Règlements Internationaux, 49° Informe Anual, 11.6.1979, Basilea).

(5) Mientras que el grueso de las compras ha sido realizado durante años por particulares, con fines de atesoramiento, este parece no ser ya el caso después del despegue vertical acentuado del precio del oro en 1978. Véase el Financial Times del 24.12.79: "'Gran parte de la demanda de oro de las últimas semanas procede de Oriente Medio. Una parte viene constituida sin duda por un esfuerzo de los detentadores oficiales de dólares les decir, de los bancos centrales de los paises de la OPEP) para diversificar sus reservas". (6) Para ser objetivos, hay que señalar que las medidas adoptadas por la Administración Carter contra Irán, tras la toma de rehenes en la embajada de los EE.UU. en Teherán, han podido provocar inquietud legitima por parte de los grandes detentadores de dólares en Oriente Medio. Estos haberes en dólares están depositados en bancos norteamericanos en los EE.UU. y en sus filiales en Europa u otras partes. Carter ordenó congelar los haberes por motivos puramente políticos. ¿Acaso no podrían correr la misma suerte, mañana, los haberes en dólares de otros países, por otros motivos políticos? De ahi el deseo de algunos bancos centrales de la OPEP de cambiar sus dólares por oro. (7) Según Leo Katzen, Gold and South African Economy (Cape Town, Amsterdam, 1974), los costes salariales por tonelada extraída eran de 25/9 chelines en 1902 y de 25/7 chelines en 1946. Pero la parte de los salarios de los mineros negros en los costes de producción corrientes (operating costs) descendió del 40% en 1910 al 20% en 1969 (Francis Wilson, op. cit. pp. 159-160). (8) La manera en que esta mano de obra es instalada en campos vigilados, con separación de sexos, recuerda claramente que no se trata de asalariados libres en el sentido real del término. (9) Estas cifras demuestran claramente una cosa:

si los norteamericanos han armado mucho jaleo en torno a la «desmonedización» del oro, la decisión de Nixon de hacer que el dólar sea inconvertible por oro en 1971, tuvo por efecto práctico (y sin duda por objetivo real) la detención de la hemorragia de oro de la Federal Reserve. Pero esto quiere decir que se otorgaba mucha mayor importancia al mantenimiento de un importante stock de oro, que lo que permitía suponer todo el jaleo en torno a la «desmonedi(10) "'... En los Estados Unidos, el Sistema de

Reserva Federal, el Controlador de la Moneda y la Federal Deposit Insurance Corporation (organismo Asegurador de los depósitos bancarios) crearon, el año pasado, por primera vez, un Comité Mixto de Vigilancia, encargado de controlar las actividades internacionales de financiación de los grandes bancos norteamericanos... En el transcurso del último decenio, los grandes bancos del mundo han empezado a desempeñar, en el lerreno económico internacional, un papel igual de primordial como el que nivel nacional... Conviene por tanto evitar que estas perturbaciones, vinculadas al movimiento del sistema de paridades fijas, los problemas planreados por los excedentes de la OPEP y la amplilud de la inflación desemboquen un día u otro en un pánico financiero internacional como consecuencia de alguna bancarrota hancaria... Sigue existiendo una incertidumbre (!) en cuanto al papel de los distintos bancos centrales como prestamistas en última instancia para los hancos con dificultades.. Además de la debilidad de esta cooperación en materia de reglamentación, sólo se ven afectados los doce países miembros de la Comisión de Basilea, aunque los bancos internacionales estén presentes en decenas de países; donde la ley del secreto, aplicada en algunos casos, dificulta el control de la simación de los bancos" (Financial Times, 31.7.79).