Inprecor en castellano

Archivo de la revista de información y análisis de la IV Internacional

IV Internacional

Tesis sobre la Revolución Portuguesa

Comité Ejecutivo Internacional de la Cuarta Internacional · febrero de 1976

Traducción publicada en Intercontinental Press vol. 14, n.º 12, pp. 515-528; se reproduce con la autorización de sus editores. Ver el escaneo original.

Portugal Sindicalismo

[La siguiente resolución, presentada por la Tendencia de la Mayoría Internacional en la reunión del Comité Ejecutivo Internacional de la Cuarta Internacional verificada en febrero, obtuvo la siguiente votación: 40 a favor, 21 en contra y una abstención.

[La traducción fue tomada del número 45, 11 de marzo de 1976, de Inprecor en español. Hemos corregido ciertos errores obvios de esta traducción con respecto a la versión original en inglés.]

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El 25 de noviembre se abriò una nueva etapa en el "proceso revolucionario" de Portugal. Amplios sectores de los trabajadores han comprendido que cualquier nuevo progreso de la revolución portuguesa depende de la capacidad de la clase obrera para reforzar su grado de autoorganización y para avanzar en la extensión y centralización de las comisiones de trabajadores, así como en la generalización del control obrero a fin de imponer sus March 29, 1976 soluciones en el plano económico y político, independientemente de la correlación de fuerzas entre las diversas fracciones del

A pesar de los efectos desmoralizadores que sobre una capa de trabajadores tuvo la de los oficiales de la llamada "izquierda militar" y de una parte de la vanguardia de los soldados, ésta no puede ser considerada como una derrota de las masas trabajadoras. Actualmente se realiza en el seno del movimiento obrero una importante recomposición. El "proceso revolucionario" atravieza un período de "retirada limitada," pero la clase obrera no ha sufrido ningún revés en una batalla abierta y frontal contra los patrones y su

Después de haber llegado, durante las precedentes, a su punto elevado de movilización, no ha perdido ni su capacidad de resistencia contra los ataques del Estado burgués, ni su potencial de combatividad. Los factores que, desde diciembre de 1974, han determinado el perfil de la revolución portuguesa no han desaparecido, aunque hayan cambiado sus relaciones dialécticas ahora se manifiesten radicalmente los límites del movimiento semiespontáneo y semiconsciente de las masas, que dominó durante la primera fase. La clase obrera portuguesa aún tiene la posibilidad de recuperar sus fuerzas, y después de una pausa inevitable, de reorganizar sus filas y lanzar sus ataques contra el régimen capitalista. Pero la burguesía, con la ayuda del imperialismo, dispone ahora de muchos más medios políticos, económicos y represivos para tratar de hacer retroceder, y luego ahogar en sangre, al proceso revolucionario.

Es así que la dinámica actual implica toda una serie de pruebas de fuerza. Es para estas pruebas que los marxistas revolucionarios deben prepararse a si mismos y preparar a las masas trabajadoras. Es indispensable que la experiencia del 25 de noviembre de 1975 sirva y ayude a la clase obrera a concentrar sus fuerzas y

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a organizar la preparación de estas batallas decisivas.

A partir de diciembre de 1974, y más radicalmente después de marzo de 1975, el ascenso revolucionario fue adquiriendo cada vez más los rasgos característicos de todas las revoluciones en los países imperialistas. Las líneas de fuerza fueron modeladas por la combinación de cuatro factores-cuyo peso específico y relaciones recíprocas fueron modificadas el 25 de noviembre-que manifestarán nuevamente sus efectos en la próxima etapa de la revolución portuguesa:

1. La multiplicación de las huelgas salvajes en el período que siguió al 25 de abril; las acciones de depuración (saneamentos) como respuesta al sabotaje económico, y las iniciativas de vigilancia popular (septiembre de 1974 y marzo de 1975) demostraron el surgimiento de una vanguardia obrera amplia dispuesta a actuar independientemente de los aparatos reformistas, tanto socialdemócratas como stalinistas. Esta vanguardia reune en su seno tanto a los cuadros experimentados de las clase obrera como a una nueva generación de trabajadores que ingresa a las filas del proletariado en los años de decadencia y crisis del régimen salazarista. La política abiertamente antihuelgas del PCPdurante los primeros meses después de abril de 1974—, así como la debilidad cualitativa y cuantitativa de sus cuadros, permitieron el desarrollo y la expresión del rol de la vanguardia obrera amplia en las fábricas estratégicas de la región de Lisboa y también, aunque de manera menos masiva, en la región de Oporto. Esta va a retomar a nivel más elevado, y de manera generalizada, las experiencias de la úlima fase de las luchas obreras en la Europa capitalista: comisiones de trabajadores, experiencias de control obrero, unión con los soldados, etc. Será la iniciadora de un proceso que se ampliará y desplegará desde el fin de 1974 hasta el inicio de 1975.

2. El impacto de la vanguardia obreraa pesar de tener relativamente pocos efectivos, de sus divisiones, su confusión política-debe ser comprendido en relación con la dinámica objetiva de las luchas obreras, determinada: por la debilidad misma del imperialismo portugués; por la profunda crisis estructural de sectores completos de la industria, agudizada, a su vez, por la recesión capitalista internacional. El impulso del movimiento reivindicativo, articulado inicialmente sobre la base de reivindicaciones salariales y de disminución de las jornadas de trabajo, desemboca en un ataque brutal contra la tasa de ganancia de un capitalismo con un desarrollo basado en los bajos salarios, las larguísimas jornadas de trabajo y cuya producción está orientada a la exportación. Los desequilibrios que esto produjo, acentuados enormemente por el deliberado sabotaje económico, pusieron a la orden del día las iniciativas de ocupación, de control obrero y las reivindicaciones de nacionalización. Desde principios de 1975 se acentúan los despidos y el desempleo. El proceso acumulativo de huelgas, ocupaciones, control obrero, desbordará las fronteras de las empresas más grandes de la región de la capital para llegar a las ramas en que dominan las pequeñas y medianas empresas, el sector de la distribución, así como el de los bancos y las aseguradoras. La conjugación de este hervidero de luchas desembocará en la oleada de nacionalizaciones, que a su vez estimulará la aparición de reivindicaciones más avanzadas y reforzará el peso de la vanguardia obrera. La interacción de este avance del "proceso revolucionario" y la crisis estructural y coyuntural de la economía portuguesa, producirá una situación en la que el funcionamiento normal capitalista es de hecho, inoperante, pero en la que no han sido suprimidos los rasgos dominantes de una economía de mercado. Es esta la raíz de las reivindicaciones de conjunto avanzadas por el ala más activa del proletariado portugués: reorientación de la producción de ramas enteras de la economía, planificación socialista, control oberero organizado. Además, esta situación incita a un sinnúmero de comisiones de trabajadores (de la STENAVE, la LISNAVE, la Sacor, por ejemplo) a iniciar un debate sobre la naturaleza de la economía socialista, la función del control obrero, así como sobre la posibilidad, y necesidad, de una centralización de los órganos embrionarios de dualidad de poderes.

3. La rápida sucesión de acontecimientos políticos, de crisis ministeriales, de choques más o menos violentos entre las fuerzas políticas y clases sociales fundamentales, van a conducir al movimiento de masas a la escena política y a asegurar su creciente politización, y esto a pesar del condicionamiento de 48 años de dominación del régimen corporativista y la inexistencia de experiencias de movilizaciones a escala nacional. La gravedad de la crisis económica y social, la naturaleza misma de los incidentes políticos sucesivos (debate sobre la Intersindical, sobre el asunto República, sobre los diversos documentos del MFA, sobre el papel de los "órganos de poder popular" durante la salida del PS y del PPD del gobierno, etc.) hacen que el proceso de politización comience a enrai-

Men los órganos creados trabajadores en el transcurso de su lucha: comisiones de trabajadores, comisiones de moradores, ligas campesinas. Durante las manifestaciones que se llevaron a cabo del 20 de agosto al 16 de noviembre de 1975, este fenómeno se expresó con una evidencia innegable (sus repercusiones en el seno del PC explican en gran parte los vaivenes de su dirección) y constituye uno de los elementos que podría facilitar la transformación de estos instrumentos en estructuras efectivas de dualidad de poderes.

El impulso de estas fuerzas hizo que el ritmo de desarrollo de las luchas obreras fuera muy rápido. Ahora bien, por primera vez después de cuatro décadas, la clase obrera podía manifestarse en tanto que clase y constituir un movimiento obrero independiente. Esto hará que la dialéctica que se inicia entre la estructura de la clase obrera, su historia y el repentino hervidero de luchas—en un cuadro de hundimiento del dispositivo de control social del antiguo régimen y sin que nada lo remplace-se exprese por medio de un profundo desarrolo desigual de la conciencia de clase, en un proceso combinado de reconstrucción de órganos tradicionales del movimiento obrero (sindicatos y partidos) y de instrumentos propios de los trabajadores (comisiones de trabajadores, comisiones de moradores), en una fluidez de las influencias políticas en el seno de las masas trabajadoras.

La comprensión erronea de estos rasgos dominantes del ascenso revolucionario conduce a dos errores. El primero consiste en perder de vista la importancia decisiva de esta vanguardia obrera fuertemente enraizada en las empresas más importantes, la modificación de la correlación de fuerzas entre los aparatos reformistas, stalinista y socialdemócrata, y esta vanguardia obrera, así como las posibilidades de iniciativa que de allí se desprenden, y el papel creciente, y cada vez más determiproletaria. El segundo se sitúa en una gran subestimación de la influencia-todavía mayoritaria-de los aparatos reformistas sobre la clase obrera, de la necesidad de ganarse a la mayoría de ésta, importancia de una política correcta de frente único dirigida a las organizaciones reformistas y de la necesidad de realizar una batalla política sobre todos estos temas en el seno mismo de la extrema izquierda, de la capacidad de maniobra y de recuperación de los partidos reformistas, incrementada por la confusión política de esta vanguardia amplia y de la debilidad de la organización marxista revolucio-

4. La interacción entre la dinámica de las luchas obreras y la crisis del ejércitoproducto de la función de encuadramiento de la vida política y social que le atribuyeron su papel el 25 de abril y la debilidad de las estructuras de dominación política de que disponía la burguesía-facilitó la penetración en las filas de los soldados del proceso de auto organización que se consolidaba en la clase obrera.

Los dos intentos de golpe de Estado (septiembre de 1974 y marzo de 1975) introdujeron un primer elemento de ruptura en las relaciones jerárquicas entre los

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soldados y los oficiales. La disciplina militar, comenzó a ser cuestionada. Las opciones políticas de los comandantes justificaban a los ojos de los soldados la aceptación o el rechazo de un orden. El debate político vino, poco a poco, a hacerse paralelo al sistema de autoridad militar. Las escisiones en la jerarquía, las confrontaciones en el seno del MFA (sometido a los efectos de la estimulan las tendencias centrífugas. la región militar de Lisboa, los órganos de integración creados por el MFA desde octubre de 1974, especialmente las asambleas de delegados de unidad, no pueden cumplir sino parcialmente su función, dada la radicalización del ejército. Así, se abre, para los soldados, la vía de la búsqueda de canales propios de expresión, tanto para sus reivindicaciones materiales como para la determinación de sus opciones políticas ante las decisiones jerarquía. Desde septiembre de 1975, el movimiento autónomo de los soldados se convertirá en un elemento nuevo y determinante de la profunda crisis que atraviesa al Estado burgués.

A su vez, la desintegración y parálisis relativas del ejército hicieron posible que el movimiento de masas tomara innumerables inciativas, sin tener que enfrentarse a un imponente y eficaz aparato represivo. La descomposición de estos instrumentos de represión amplió el espacio propicio para la multiplicación de avanzadísimas experiencias (ocupación de empresas, ocupación de tierras, primeras experiencias de creación de órganos de autodefensa, utilización de la radio por parte de la Asociación de Mutilados de las Fuerzas Armadas (AFDA), sitio del Ministerio de Trabajo por parte de los metalúrigicos, asedio de São Benito por los trabajadores de la construc ción, etc.). Pero, paralelamente, esto produce una ilusión sobre el grado de parálisis de este ejército y una subestimación de las capacidades de iniciativa militar de parte de la jerarquía. debilitan los elementos objetivos de presión en favor del desarrollo máximo de la autodefensa. Finalmente, esta crisis favoreció la supremacía de la orientación de los reformistas y de los centristas, quienes gravedad del "proceso revolucionario" en el seno mismo del ejército, sacrificando la independencia y autonomía del movimiento de las masas trabajadoras.

5. En julio y agosto de 1975, ante la profundización del ascenso revolucionario, que se expresa en el reforzamiento de las comisiones de trabajadores, de las comisiones de moradores, etc., en la desorganización de un ejército que se había transformado en la arena política y en la aguda crisis de dirección política de la burguesía, el campo burgués se empeña esencialmente en la restauración de un instrumento March 29, 1976 coherente de autoridad política y de un aparato de represión dotado de cierta eficacia.

La creciente polarización de las fuerzas sociales precipita la crisis del MFA. Este, bajo la embestida de los trabajadores, no puede cumplir plenamente su función bonapartista, su unidad es abiertamente rota y es, pues, incapaz de iniciar una política de represión. Mientras tanto, la mayoría de oficiales se reagrupa y lanza una ofensiva que logra una recomposición de las fuerzas en la jerarquía militar, lo cual le permitirá contar con una fuerza represiva de choque y realizar la estabilización de las instituciones del Estado bur-

La clase dominante no dispone de un aparato de Estado o de estructuras políticas capaces de impedir el ascenso del movimiento de masas, pero, simultáneamente, el nivel de autoorganización y de conciencia de las masas es todavía insuficiente como para permitir un salto cualitativo del "proceso revolucionario." En este momento, la ofensiva de reconstitución del orden burgués por la vía legal y parlamentaria se convierte en el objetivo central de

La campaña lanzada por la dirección Soares del PS, se inscribe parcialmente en este proyecto de afirmación de la autoridad de la Asamblea Constituyente y de las instituciones del Estado burgués contra las comisiones de trabajadores, las comisiones de moradores y todo aquello que, según las propias palabras del PS, constituye un "poder paralelo" al aparato de Estado burgués. En el terreno de la lucha contra el "anarco populismo," el PPD lo mismo que el "grupo de los nueve" van a la zaga del

La división en la clase obrera, provocada por la dirección del PS y alimentada por la orientación, así como los métodos de la dirección stalinista del PCP, obstaculiza un nuevo salto de la revolución. Esto favorece la reaparición abierta de la derecha y la extrema derecha, sin una respuesta decidida de la clase obrera. Los ataques contra los locales del PCP, de la Intersindical, de la extrema izquierda y la organización de iniciativas terroristas de derecha indican cual sería la dinámica de esta inversión del "proceso revolucionario," iniciada por la dirección del PS, si ésta se prolongara y concretara.

En un primer momento, las grandes maniobras de Costa Gomes, Soares y del "grupo de los nueve," parecen tener cierto éxito. En el campo burgués se realiza un proceso de recomposición de las fuerzas: en el plano militar, las llamadas a la disciplina reciben un eco favorable en una jerarquía que recupera la confianza en si misma y trata de reforzar sus posiciones comenzando por las bases de que dispone en el Norte. La pequeña burguesía, más particularmente el pequeño campesinado del Norte, ofrece un punto de apoyo social a los defensores del "orden"

"anarquía." En efecto, los pequeños campesinos son duramente afectados por la crisis económica y por la ineptitud del gobierno para responder a sus problemas más inmediatos (precio de los abonos, de las semillas, créditos, precio de compra de los productos en relación con los precios de venta, etc.), todo ello agudizado por el incumplimiento de las ventajas ofrecidas por el MFA en su "campaña de dinamización." Las ramificaciones entre el pequeño campesinado y las clase obrera del Norte, crearon también un terreno favorable para aumentar la audiencia de los temas desarrollados por la dirección del PS en el seno de las capas de trabajadores políticamente atrasados e integrados en ramas de la industria que atravesaban una profunda proletariado expresa aquí más negativos, en la medida en que el desarrollo desigual de la conciencia de clase confirma, y coincide, con una dicotomía entre las diversas regiones del país.

6. En el momento en que la contraofensiva burguesa parece obtener un primer éxito con la renuncia del quinto Gobierno y el establecimiento del de Pinheiro de Azevedo, se desarrolla en el campo del proletariado un nuevo impulso que va a conjugar la afirmación de la vanguardia obrera amplia en la escena política, el desarrollo del movimiento autónomo de los soldados independientemente de toda referencia al MFA-e incluso contra él-así como el desencadenamiento de una oleada reivindicativa de sectores enteros de la clase (metalurgia, contrucción, textil, trabajadores agrícolas). En este contexto, la crisis del quinto Gobierno de Vasco Gonçalves, defensor de un programa que combinaba las reformas y las medidas de austeridad, no debe ser analizado solamente en función de la ofensiva de la burguesía hacia la restauración de la autoridad de las instituciones del Estado burgués, sino que también en relación con el empuje instintivo de importantes sectores del movimiento de masas hacia la democracia obrera, hacia el reforzamiento de las comisiones de trabajadores y de las comisiones de moradores y de los soldados hacia las comisiones de soldados.

La conjugación de estos diferentes movimientos pondrá en evidencia la correlación de las fuerzas sociales fundamentales, que hasta ese momento, habían sido oscurecidas por la división en el seno del movimiento obrero, las peripecias en el plano gubernamental y los reajustes de fuerzas a nivel de la jerarquía militar. El período que se abre en agosto de 1975 está, pues, marcado por la confluencia, en su punto más elevado, de los factores que condicionan la dinámica de la revolución portuguesa:

a. En el Norte, bajo el estímulo de las iniciativas del SUV, estalla el movimiento autónomo de los soldados (agrupación unitaria de la vanguardia que luchaba por

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la creación de comisiones de soldados y su unión con las comisiones de trabajadores y de moradores). EI SUV cumple coyunturalmente cierto rol unificador de la clase obrera y facilita un nuevo auge de las movilizaciones. En septiembre, en Lisboa, funcionan también como mediación entre la vanguardia obrera y el grueso de las filas obreras. Pero, esencialmente, desarticulan el eje del proyecto de todos aquéllos a quienes representa Pinheiro de Azevedo: un ejército capaz de aplicar las deciones de un gobierno de "orden disciplina." Contribuyen al fracaso de la tentativa de reconstitución de una fuerza militar de choque: el AMI.

b. Se refuerza el impulso instintivo de las masas hacia la creación de órganos de democracia proletaria. Surgen, a nivel de ciertas ramas, coordinadoras de las comisiones de trabajadores. Regionalmente, se dan los primeros pasos hacia la constitución de intercomisiones de moradores y asambleas populares. Ahora bien, dada la inexistencia de un partido revolucionario, la falta de tradiciones del movimiento obrero, la heterogeneidad social y política de la clase obrera, este movimiento es muy desigual. La representatividad y función asumidas por las comisiones de trabajadores son muy desiguales.

Las divisiones en el seno del movimiento obrero se reproducirán en estos órganos y, frecuentemente, conducirán a una proliferación de comisiones de moradores en los barrios, transformándolas así en simples apéndices de organizaciones políticas que las integrarán en maniobras sectarias, cuestionando así su aptitud para centralizarse y tomar a su cargo las iniciativas de "control social."

desarrollo de las comisiones de moradores llega muy rápidamente a su límite; después de haber tomado su impulso en la organización de las ocupaciones de viviendas, las comisiones de moradores se demostraron incapaces soluciones a otros problemas sociales: transportes, salud, abastecimientos, crisis estructural de la vivienda, comenzar a resolver tales cuestiones era necesario un nivel superior de centraliza-

Aquí se agota el ascenso semiespontáneo del movimiento de masas. Solamente una política de una amplia unidad de acción hubiera permitido el dar los primeros pasos en el sentido de la centralización; el sectarismo de las organizaciones centristas y reformistas lo hizo imposible.

Pero, más específicamente, al nivel de las comisiones de trabajadores, la tendencia de fondo es hacia una creciente homogeneización, a una extensión de su representatividad y a una ampliación de su función. En efecto, las comisiones de trabajadores son mucho más aptas para proporcionar soluciones parciales, incluso a nivel de ramas de la industria y, además, el cuadro en que se desarrollan restringe los efectos de las divisiones políticas y hacen más factible su centralización inicial (CUF, textil. . .).

c. La recuperación del movimiento reivindicativo se articula con estos dos procesos. En primer lugar, la convergencia del nivel de autoorganización y la profundidad de las crisis de la economía, refuerza la posición estratégica de las comisiones de trabajadores en la definición y concretización de las reivindicaciones de readaptación, de planificación socialista y de las iniciativas de control obrero. En segundo lugar, las capas más atrasadas de la clase obrera adoptan las reivindicaciones y formas de acción más radicales. Y, en tercer lugar, el movimiento reivindicativo se enfrenta, por primera vez, frontalmente al gobierno y asimila esta nueva dimesión.

La parálisis del sexto Gobierno ante estas movilizaciones indica la profundidad de la crisis del ejército y, por consiguiente, la imposibilidad de utilizarlo en un ataque directo contra el movimiento de masas. La "captura" del Palacio de São Benito y la "huelga" del gobierno de Pinheiro de Azevedo simbolizan la profundidad de la crisis del Estado burgués y de la dirección

Los rasgos dominantes de la situación general son entonces los siguientes: desarticulación del aparato estatal que llega a un punto muy elevado-bajo los golpes asestados por el movimiento autónomo de los soldados, el mismo que "gangrena," incluso, a las tropas consideradas como las más seguras. El ascenso revolucionario no encuentra fuerza represiva capaz de contenerlo. Pero, simultáneamente, no se materializa en organismos de poder obrero lo suficientemente generalizados todo, centralizados. Es en esta desincronización en donde reside la especificidad del período, que no puede ser sino extremadamente transitorio. Esta falta de generalización y centralización de los órganos propios de las masas trabajadoras, acentúa las dificultades para contrarrestar el desarrollo desigual de la conciencia y de las formas de organización de la clase obrera, para soldar las diferentes componentes de ésta a la columna vertebral que los trabajadores del industrial de Lisboa y el proletariado agrícola del Alentejo, y para responder a las divisiones políticas de las masas traba-

En la medida en que la unidad de acción del 28 de septiembre de 1974 y del 11 de marzo de 1975 no puede institucionalizarse en órganos efectivos de democracia proletaria, esta división crea una circunstancia favorable a la instrumentalización-por la reacción-de la pequeña burguesía-la cual el 11 de marzo se encontraba a la espectativa-y le permite consolidar, en ciertas regiones, un real bloque social como punta de lanza de la contrarrevolución.

7. Desde marzo de 1975, en el momento en que se plantea con claridad la pregunta ¿qué clase va a ejercer el poder? el PS revela abiertamente su función contrarrevolucionaria. La forma y el alcance de la contraofensiva del PS son determinadas por las características mismas del ascenso revolucionario: nivel alcanzado por las acciones anticapitalistas espontáneas de las masas; afirmación de los órganos embrionarios de poder obrero; debilidad del aparato de Estado burgués, incapaz de contener al movimiento de masas, y fragilidad de los instrumentos de dominación política de la burguesía.

So pretexto del respeto y la defensa de la "voluntad popular," el PS se compromete en un apoyo deliberado a las instituciones y la autoridad del Estado burgués, contra las formas de autoorganización y de expresión directa de los trabajadores en las fábricas, las explotaciones agrícolas, los barrios y el ejército. En este momento, el PS se afirma como la punta de lanza de la contrarrevolución; pretende asegurar el dificil tránsito de la caída del estado corporativista a la creación de una democracia burguesa parlamentaria. Trotsky caracterizaba de la manera siguiente un proceso análogo: "En cuanto a la revolución alemana de 1918, ésta no es en absoluto la conclusión democrática de una revolución burguesa, es una revolución proletaria decapitada por la socialdemocracia; más exactamente, es una contrarrevolución burguesa, la cual, después de su victoria sobre el proletariado, se ha visto en la necesidad de conservar las falaces apariencias de la democracia."

En la tradición de la socialdemocracia alemana de 1919, la dirección de Soares se ha convertido en el artifice de lo que podría ser calificado de "contrarrevolución democrática"; la defensa y la consolidación de un Estado burgués, pasando por la elimide los órganos propios de los trabajadores, manteniendo, sin embargo, la posibilidad de acción y la libertad de expresión para los partidos reformistas del movimiento obrero.

Un marco parlamentario aseguraría, entonces, a un PS electoral, un rol intermediario entre la burguesía y la clase obrera. Tal operación, cualesquiera que sean las posibilidades de éxito (históricamente ha servido de punto de partida para un avance rápido de la reacción), constituye el proyecto fundamental de Soares, Rêgo, Zenha. ... Por capital portugués y el imperialismo europeo han apoyado unánimemente el contraataque lanzado por la dirección del PS.

Es cierto que en junio y julio de 1975 algunos sectores de los trabajadores participan en las manifestaciones del PS, pero lo hacen a partir de motivaciones que no pueden ser asimiladas al proyecto efectivo y coherente de la dirección de éste. Se combina en ellos una voluntad anticapitalista y una reacción ante los métodos burocráticos y antidemocráticos del PCP, tanto en el plano sindical como en el de las municipalidades que pudo instrumentalizar la direccion socialdemócrata. Así,

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desde este ángulo, estas manifestaciones poseen un carácter contradictorio que expresa, a la vez, el profundamente desigual desarrollo de la conciencia de clase y las consecuencias de la sectaria orientación del PC.

La ofensiva de Soares se hizo más incisiva en el preciso momento en que el MFA (después del 25 de abril), bajo los efectos de la polarización social, revelaba su incapacidad de jugar el rol de eje en la construcción del aparato estatal. La Asamblea del MFA realizada en junio, es un reflejo de los enfrentamientos políticos que atraversaron a la sociedad y el ejército y que repercutían en el MFA. La adopción por parte de esta Asamblea del documento sobre el "poder popular" —un "poder popular" destinado a integrarse en las estructuras del aparato de Estado burgués y no a destruirlo-expresa su incapacidad oponerse eficazmente a un movimiento de masas que él mismo parecía avalar.

Esta campaña contra el "anarco populismo" condujo lógicamente al PS a apoyar las intervenciones del sexto Gobierno, las que van desde la ocupación de las radios y la televisión, hasta la depuración de los oficiales radicalizados, pasando por la destrucción del emisor de Rádio Renascença. Y no sólo eso, también va a oponerse frontalmente al movimiento reivindicativo, el que, desde septiembre de 1975, impulsa a la acción a distintos sectores de la clase obrera a escala nacional (metalurgia, construcción).

La conjugación entre la dinámica encadenada por las movilizaciones del PS y la división en la clase obrera, crea las condiciones favorables a una reaparición, con más brios, de los partidos burgueses. Instrumentalizando a distintos sectores de la pequeña burguesía, el CDS y, particularmente, el PPD, hacen una aparición notable en la escena política y se presentan como los defensores más consecuentes del orden capitalista.

En el Norte, esto se traducirá por el papel clave que juegan estos partidos en los mitines por el "orden y la disciplina." Desde noviembre de 1975, estas movilizaciones de la reacción pasan del terreno político a la organización de una batalla masiva contra la reforma agraria (primera concentración de medianos, pequeños grandes propietarios de Rio Maior), en la cual la extrema derecha asume un papel cada vez más activo.

En la víspera del 25 de noviembre, el PS comienza a desequilibrarse bajo la presión de la creciente polarización entre las dos clases sociales fundamentales. Por un lado, en el Norte, el PPD y el CDS toman la iniciativa y transforman las movilizaciones de apoyo al VI gobierno en manifestaciones de la reacción, mientras que el PS demuestra ser cada vez más incapaz de movilizar a su base obrera en apoyo de Pinheiro de Azevedo. Por otra parte en el sur, industrial y agrícola, al enfrentarse a las movilizaciones masivas ve como sus March 29, 1976 vínculos con la clase obrera, los trabajadores agrícolas y los pequeños campesinos, se hacen cada día más difusos.

Hubo muchas razones por las cuales no se concretó en una crisis abierta el potencial para una ruptura entre la dirección de Soares y la base organizada o influida por que se hubiera expresado en el surgimiento de tendencias sobre lineamientos precisos o en escisiones significan-

En primer lugar, la política sectaria del PCP-que llegó a su punto culminante con la construcción de las "barricadas" la manifestación del PS en el mes de julio-aglutina a la base socialdemócrata en torno a su dirección. En segundo lugar, el control burocrático del PCP sobre la Intersindical, su manipulación de la prensa y de los grandes medios de comunicación, su brutal acaparamiento de las municipalidades, conceden credibilidad a las proclamas democráticas del PS. Además, el rumbo ultraizquierdista seguido por la mayoría de las organizaciones de la llamada "izquierda revolucionaria" la separación del PS de los trabajadores críticos frente a la política de su dirección y hostiles a los métodos burocráticos del PCP. Finalmente, la propia historia del PS, su falta de tradición como partido organizado en la clase obrera, y el bajo nivel político de sus miembros, limitan la manifestación de sus contradicciones internas en términos de orientaciones políticas diferentes y favorecen las anticomunistas de la dirección.

8. El proyecto reformista global del PCP consiste en copar el aparato del Estado burgués para someterlo a un proceso de "democratización," lo que implicaría objetivamente su supervivencia. Cualesquiera que sean los virajes tácticos, el proyecto global del PCP sigue siendo la instauración de una "democracia avanzada"; el MFA no es sino un elemento utilizable a la hora de concretar este proyecto, incluso aunque durante un periodo aquél adquiera una mayor importancia. En esta perspectiva, el movimiento de masas se ve, pues, desprovisto de toda autonomía y sólo sirve de base a este proyecto.

El papel decisivo jugado por el MFA en el derrocamiento del Estado corporativista y la naturaleza de la crisis de las instituciones del viejo régimen provocada por el 25 de abril, determinan las formas concre tas de la estrategia del PCP y ponen de relieve su táctica de penetración en las instituciones del aparato de Estado. Este pondrá en primer término la monopolización de las municipalidades, de los grandes medios de información, el control de la estructura sindical heredada del antiguo régimen (ley de unidad sindical) y, sobre todo, la conquista de una influencia en el MFA, fundamentalmente en sus órganos de dirección: la Asamblea del MFA, y el Consejo de la Revolución.

Por ello, el PCP pondrá sistemáticamente el acento en la necesidad del mantenimiento de la unidad del MFA, presentando a éste como motor y garante del proceso de "democratización" del aparato de Estado y canalizador del movimiento de masas. Se sacrifica de este modo la independencia de clase del movimiento obrero y la correlación de fuerzas en el plano militar se convierte en el factor determinante de todas las iniciativas de movilización de los trabajadores. En el contexto de profundización de una situación prerrevolucionaria tienen, necesariamente, que ser muchas las oscilaciones en la aplicación de tal orientaestarán determinadas por diversos facto-

La crisis del MFA, puesta de manifiesto por la asamblea de Tancos y por la aparición del movimiento autónomo de los soldados, obligará al PCP a revisar absolutamente la formulación de su orientación: de hecho, pretende utilizar al movimiento de soldados para lograr un realineamiento de fuerzas en el seno del MFA, e incluso, su recomposición. Paralelamente, el ascenso del movimiento de masas, su cada vez mayor grado de autoorganización, combinados con el cuestionamiento parcial de su control sobre la Intersindical, le obligan a reajustar su táctica y a adaptarse a esta radicalización. Al respecto creará el Secretariado Provisional de las Comisiones de Trabajadores del Cinturón Industrial de Lisboa, para la contención del impulso hacia el reforzamiento de los órganos autónomos y dirigirlo hacia objetivos de modificación de las instancias del poder a nivel civil y militar. Las Comisiones de Trabajadores están destinadas a ser, en esta perspectiva, consejos de cogestión de la industria nacionalizada, y las comisiones de moradores, elementos complementarios del aparato de Estado burgués a nivel local, en el sentido en que las había "legalizado" el documento del MFA de junio de 1975.

adaptaciones tácticas no son solamente producto de una política de maniobras, sino también de las presiones que se hacen sentir en las filas mismas del PCP en favor del desarrollo de formas de organizaciones democráticas, de representación directa y de iniciativas de control obrero. Este empuje puede reflejarse tanto más fácilmente en el seno del PCP en cuanto que es muy reducido el número de cuadros capaces de defender su orientación fundamental y de encuadrar a una base militante jóven que se interpenetra con la vanguardia obrera amplia y los militantes de la extrema izquierda, multiplicando sus experiencias de lucha.

Además, la ausencia de una práctica prolongada de colaboración dentro del marco de la democracia parlamentaria burguesa, la carencia de tradiciones legalistas entre las filas del partido y las consecuencias de la lucha contra la dictadura corporativista, resultan en una cierta adaptación por parte de los cuadros del PC

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al espíritu de las masas trabajadoras, lo que ha dado pábulo a que surjan ilusiones entre las corrientes centristas en torno a la verdadera naturaleza de la orientación estratégica del PC.

El desarrollo de la lucha de clases durante este período va a minar el proyecto del PCP; el comienzo de la crisis-fines de agosto, septiembre-del PCP es el producto de la dinámica de enfrentamiento entre las clases. Por un lado, sus vínculos con la burocracia soviética, su independencia en tanto que estructura frente a la burguesía, sus relaciones con la clase obrera, no lo hace, al contrario que el PS, un instrumento confiable frente al inicio de una contraofensiva en favor de la afirmación de la autoridad del Estado burgués. Por el otro, su programa de "democratización" del Estado burgués, su oposición a la autonomía del movimiento de masas, su hostilidad a la democracia obrera, lo colocan en contradicción con la actividad y las aspiraciones del ala más activa de éste.

9. Ligado a la importancia cuantitativa, al lugar ocupado en sectores claves del proceso de producción, y a la capacidad de iniciativa de la vanguardia obrera, la influencia de la extrema izquierda en el período actual se va a ver incrementada notablemente. El rápido ritmo de la radicalización de las capas jóvenes de trabajadores, el clima de debate político permanente difundido por los grandes medios de comunicación, la diposición de importantes sectores de las masas a la discusión política, el surgimiento del movimiento autónomo de los soldados y el espacio creado por la desagregación del aparato de represión, crean las condiciones propicias para una extensión de la audiencia de las organizaciones de la llamada "izquierda revolucionaria." Sin embargo, esta influencia no se sustenta en su capacidad de educar y de organizar a las capas de trabajadores dispuestas a asociarse a las movilizaciones por ella impulsadas.

La coincidencia entre la crisis del PCP (aún bajo los efectos del choque que le produjo la brutal división del MFA) y la aparición en la escena política de una vanguardia obrera amplia, proporciona a la extrema izquierda (las organizaciones del FUR (Frente de Unidad Revolucionaria) y la UDP) la oportunidad de estimular, de manera autónoma, manifestaciones de cierta amplitud (julio, agosto y septiembre del 1975). No obstante, su división, sobretodo, su confusión política, constituyen obstáculos mayores, tanto para desencadenar un proceso de unificación centralización de los órganos embrionarios de dualidad de poderes como para minar la influencia de los partidos reformistas. La debilidad de los marxistas revolucionarios no permite proporcionar los elementos de clarificación política susceptibles de responder a estas dos exigencias. Y esto los hace incluso sensibles a la presión centrista:

a. La firma, el 25 de agosto de 1975 del acuerdo entre el PCP, el MDP, el FSP, la LUAR, la LCI, el MES y el PRP reflejó este doble fenómeno. Por un lado, con el fin de canalizar y utilizar en su beneficio la combatividad y la capacidad de iniciativa de la vanguardia obrera, el PCP firma, con estas organizaciones políticas, un acuerdo cuyo contenido se adecúa a sus concepciones, políticas. Por el otro, las organizaciones son políticamente incapaces de explotar la necesidad en la que se encuentra el PCP de efectuar esta maniobra para lanzar una ofensiva de unidad de acción con objetivos precisos que respondiera a las necesidades de las masas trabajadoras, a sus aspiraciones unitarias y propias para el desarrollo, unificación, coordinación y centralización de los órganos autónomos de los trabajadores. Por el contrario, cuales quiera que hayan sido sus reservas, las organizaciones firmantes avalaron una concepción que negaba toda autonomía a las comisiones de trabajadores, comisiones de moradores, a las asambleas populares, que quedaban así situadas al mismo nivel y en el mismo frente que el MFA y los partidos políticos. Además, el acuerdo se pronuncia por un apoyo al quinto Gobierno de colaboración de clases, que preconizaba una política de austeridad y una integración de los órganos autónomos en el aparato de Estado, el en preciso momento en que maduraban las posibilidades objetivas para que se realizara un salto cualitativo hacia su constitución como órganos de dualidad de poder. Finalmente, mientras que el MFA se desmembra por todas partes y surge el movimiento autónomo de soldados, el FUR se presenta como un garante del MFA. El acuerdo del 25 de agosto refleja, de manera deformada, la nueva correlación de fuerzas entre la vanguardia obrera amplia y los aparatos reformistas, entre los revolucionarios y las direcciones tradicionales; sin embargo, su firma condujo a avalar una orientación divergente con la dinámica del movimiento de masas que crea las condiciones objetivas de su ejecución.

b. Tras la exclusión-renuncia del PCP, el 29 de agosto, la cuestión de las relaciones entre las organizaciones firmantes del acuerdo del 25 de agosto se plantea bajo una nueva forma. La insistencia sobre la unidad de acción podría contribuir a parcialmente los límites de la intervención de la extrema izquierda: dispersión de las alternativas, incapacidad de hacer sentir todo el peso de la vanguardia obrera amplia en favor del reforzamiento de los órganos autónomos y el desarrollo del movimiento de soldados, esto es, la carencia de propuestas de acción que tuvieran eco favorable en las filas de las organizaciones obreras reformistas.

Ahora bien, la plataforma del FUR del 10 de septiembre no proporciona las bases para tal unidad de acción, sino que está encaminada a la constitución de un frente.

La agrupación de organizaciones que gozaban de la lealtad de sólo una minoría de la clase trabajadora, aun en la vanguardia obrera amplia, se identificó con "la unificación y organización de la vanguardia de la clase." Esto condujo lógicamente a descartar cualquier acción de frente único dirigida hacia otras corrientes políticas de la vanguardia obrera (como la UDP) o hacia los partidos reformistas. Y esto a pesar de que una política por la más amplia unidad de acción, centrada en el desarrollo de órganos de democracia obrera y vinculada a la lucha por objetivos concretos sentidos por las masas hubiera sido capaz de fortalecer a la vanguardia obrera, de permitirle arrastrar a sus movilizaciones a las capas más atrasadas de la clase obrera y responder a la división en las filas de los trabajadores.

A esta concepción "frentista," que impedía que se concretara una política efectiva de frente único, hay que agregar la caracterización que el FUR aplicaba al PS. Este es considerado como un partido burgués, la verdadera "avanzada del fascismo" ¡a la que hay que vencer antes de poder aplastar a la reacción!

Además el FUR despliega una visión triunfalista de la correlación de fuerzas, alimentando ante el PCP un sectarismo y un ultimatismo sólo comparable a la ilusión de que éste se alineará tras sus iniciativas, obligado por la supuesta fuerza del FUR y la de sus contactos militares.

Esta línea se ve favorecida por una sobreestimación total del grado de conciencia política adquirido por los trabajadores, incluso en los sectores más combativos, a través de experiencias parciales y del nivel de "desarrollo de los órganos de poder popular," formulación que, de hecho, oculta diversas ambigüedades sobre la naturaleza de la dualidad de poder y del salto cualitativo que implica la destrucción del Estado burgués. En esta situación, los principales componentes del FUR abandonan la búsqueda consciente y sistemática del apoyo directo de las amplias masas a las iniciativas de la vanguardia, la necesidad imperativa de atraer o de ganar a la mayoría de los trabajadores. En realidad la política del FUR conduce al aislamiento de la vanguardia y a la consolidación de la división de la clase obrera, lo que reforzará las tendencias sustitucionistas y aventureras.

En última instancia, en el FUR domina la concepción espontaneista del paso automático del nivel de conciencia adquirido por la vanguardia obrera en las experiencias de lucha de los últimos 18 meses al exigido para el cumplimiento de las tareas de la revolución socialista.

Finalmente, la concepción de las relaciones entre los órganos autónomos y los partidos, así como la ausencia de una defensa consecuente de los principios de la democracia obrera, supone un obstáculo adicional a la posibilidad de oponerse a la división e impulsar una orientación de

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frente único. Al negar, so pretexto del "apartidismo" el derecho de expresión, en tanto que tales, a las organizaciones obreras en los órganos de democracia proletaria, el FUR retrasa el proceso de maduración política, ligado a la libre confrontación de las ideas de todas las corrientes del movimiento obrero y, por consiguiente, impide la unión de las capas más atrasadas y la vanguardia.

Al no proclamar el derecho inalienable de todas las tendencias del movimiento obrero a disponer de medios de organización y de expresión adecuados, a tener acceso a los grandes medios de comunicación, a ser representados en los embriones de poder obrero, las organizaciones del FUR no ofrecen una alternativa a la demagogia democrática del PS ni a los métodos burocráticos de los estalinistas.

En este ascenso revolucionario en el que se conjugan la movilización de los sectores atrasados de la clase obrera y la extensión de la autoorganización en las fábricas y en el ejército, revela en toda su amplitud. La inexistencia de un tuviera unas reducidas dimensiones, impide la generalización y centralización de las experiencias de lucha y, por consiguiente, el que la conciencia de las masas experimente un salto cualitativo.

Además, ni siquiera existe un polo de referencia políticamente creíble que pueda contribuir, con sus análisis, sus proposiciones y su intervención, a realizar la clarificación política en una vanguardia domina. da por las corrientes centristas (MES, PRP ...-) y maoístas (UDP). En este sentido, el hecho de que la LCI firmara la plataforma del 10 de septiembre, y su adaptación a las ideas dominantes en el FUR (sobre el PS y el frente único) representan un grave error político que no podía sino retrasar la construcción y la consolidación de la organización trotskista en Portugal. Las acontecimientos del 25 de noviembre sancionan brutalmente esta errónea concepción.

10. El desfase entre la crisis profunda del aparato estatal y la inexistencia de centralización de los órganos embrionarios de dualidad de poder, no podía prolongarse por mucho tiempo.

Tal situación, de hecho, contenía las siguientes alternativas:

-O bien se realizaba una centralización de los instrumentos de democracia proletaria (esencialmente a nivel de las comisiones de trabajadores) y se desembocaba en una situación de dualidad de poder generalizada:

-O bien, la burguesía era capaz de reconstituir, más o menos completamente, los instrumentos de represión que le ofrecieran la posibilidad de reprimir las expresiones más avanzadas del empuje proletario. March 29, 1976

Esta alternativa no significa que deba operarse inmediatamente un cambio radical en uno u otro sentido, sino que los medios de que disponen los dos campos opuestos modifican los términos de las futuras pruebas de fuerza.

Las implicaciones de esta desincronización son múltiples:

• A pesar de su extrema debilidad y de su crisis de dirección, la burguesía dispo ne de elementos de centralización de su voluntad política, con los que de ningún modo dispone la clase obrera. El equívoco de los centristas al confundir la parálisis gubernamental ("huelga" del sexto Gobierno) con la desintegración total del aparato expresa su completa de ese fenómeno y su desconcierto ante la respuesta burguesa, preparada con rápida y relativa eficacia, entre el 25 y el 26 de noviembre.

• En el plano militar, la multiplicación de las rupturas en el sistema jeráquico no corresponde con el desarrollo de las comide soldados y, sobre todo, con su coordinación y unión con los órganos de los trabajadores. Además, la extensión de la autoorganización de los soldados es muy desigual entre el Norte y el Sur, lo cual favorece las maniobras de la jerarquía. A esto se añade el desfase entre la crisis del ejército y la falta de una salida política, como la que ofrecería la centralización de las comisiones de trabajadores, que empuja a una parte de los soldados y oficiales radicalizados a buscar esta salida política en una solución militar.

Finalmente, la desintegración del ejército, en la medida en que gran parte de los soldados está de parte del movimiento de masas, suscita en éste la ilusión de que tiene asegurado de antemano el resultado de una eventual prueba de fuerza. Por ello, una mayoría de los trabajadores, incluso los más avanzados, se olvida la necesidad de la autodefensa de los órganos propios de las masas trabajadoras, el armamento del proletariado.

• La dispersión de las estructuras de autoorganización no permite que las masas realicen las experiencias que favorecen la elevación cualitativa de la conciencia de clase. Sólo con la más amplia y directa participación de las masas trabajadoras en la discusión de sus problemas, búsqueda de solución a los mismos, como en el debate sobre la ejecución de un plan general, todo ello unido a la centralización de los órganos autónomos, pueden crear las condiciones propicias superación de las democráticas en la mayoría activa de la clase obrera y hacerla pasar al lado de los consejos obreros contra la democracia burguesa parlamentaria. Sólo a partir de ese momento se puede abordar el problema de la búsqueda de las formas de paso hacia la revolución proletaria propiamente dicha. Al ocultar la función de una situación de dualidad de poder sobre el desarrollo de la conciencia de clase de la mayoría de los trabajadores, y al difundir el mito de la existencia de un real "poder popular" que sólo necesitaba extenderse un poco más (cuando en realidad no son más que embriones dispersos de órganos de poder popular que precisan de un mayor desarrollo), los centristas (PRP, MES) se van a ver obligados a presentar la insurrección como una precondición para el salto cualitativo del movimiento de masas, que entonces podría ser ganado a la revolución socialista. ¡Se había invertido la marcha de la revolución socialista!

11. Los enfrentamientos del 25 y del 26 de noviembre deben ser comprendidos en esta perspectiva. La burguesía necesita salir forzosamente y a corto plazo del impasse en que la han arrinconado los fracasos de sus intervenciones, la degradación del ejército y los éxitos obtenidos por los trabajadores de la metalurgia y de la construcción. Sus objetivos prioritariosson, por una parte, poner fin a la efervescencia política en el ejército, a fin de neutralizar una serie de unidades y de reconstruir una fuerza militar policíaca y, por otra, recuperar el control de los grandes medios de comunicación, que amplifican la resonancia de las movilizaciones de los trabajadores, incluso las sectoriales, y que proporcioéstos un elemento parcial de coordinación.

Esta trata, pues, de provocar una prueba de fuerza sobre un terreno bien preciso: la Comandancia de la Región Militar de Lisboa. La "huelga" del Gobierno crea un clima favorable para tal operación, dejando la responsabilidad de su desarrollo a los militares y concentrando los poderes de decisión en un círculo que dispone de posiciones dominantes en el Estado Mayor y en el Consejo de la Revolución. La nominación de Vasco Lourenço representa una provocación que permite la preparación de un plan de contraataque cualquier tentativa de un sector del ejército de impedir la aplicación de tal medida.

En lugar de responder con el desarrollo de una red de comisiones de soldados capaces de neutralizar en la práctica la iniciativa de la mayoría del Consejo de la Revolución, los llamados "oficiales revolucionarios" y la corriente gonçalvista replican en el terreno elegido por sus adversaeste nivel objetivamente las concepciones gentes" de los centristas (MES y PRP)mezcladas con las posiciones militaristas de los "oficiales revolucionarios"—y la voluntad de sectores gonçalvistas del ejército de emprender un golpe de fuerza que respondiera al progreso de la jerarquía militar reaccionaria, a fin de reorganizar las instancias del poder militar. La campaña del PCP en favor del "retorno de los militares revolucionarios" al Consejo de la Revolución y su apoyo a Carvalho a la cabeza de la Región Militar de Lisboa, da de hecho el visto bueno a estos planes y sugiere la organización de un apoyo de

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masas a su posible puesta en práctica, lo que refuerza a su vez las ilusiones de los centristas en las opciones de la dirección de Cunhal.

La precipitada intervención de los paracaidistas de la base de Tancos acelera la puesta en práctica, por parte de la izquierda militar, de un plan inacabado. Por el contrario, la "respuesta" de Costa Gomes obedece a una preparación meticulosa y se desarrola simultáneamente en el plano militar gracias a las fuerzas de los Comandos de Amadora, en el político con el voto de la Asamblea Constituyente por el estado de sitio y en el de la información con la inmediata transferencia a Oporto de las emisoras de radio y televisión, asegurándose, con ello el control absoluto de las telecomunicaciones. ¡El verdadero golpe de la reacción no estaba improvisado!

Dentro de la lógica de su campaña de "orden y disciplina," el PS apoya abiertamente la instauración del estado de sitio y las medidas policiacas que lo acompañan. De hecho las apoya cuando son sometidas a la Constituyente.

En cuanto al PCP, sus intenciones se sitúan en el marco estricto de la reorganización del Consejo de la Revolución y, más tarde, del Gobierno. A lo sumo, trata de utilizar las modificaciones de la correlación de fuerzas que hubieran podido imponer los paracaidistas de Tancos en el seno del bastión reaccionario de la Fuerza Aérea, con el fin de facilitar la implementación de sus planes. En ningún caso la dirección de Cunhal está dispuesta a involucrarse en un "golpe de estado." Su constante, antes y después del 25 de noviembre, es la búsqueda de un compromiso dentro del marco de una "revolución democrática." A pesar de la posición que mantuvo durante el debate en la Asamblea Constituyente, el PCP no llevó a cabo movilizaciones contra el estado de sitio. Inmediatamente movió el eje de sus alianzas un grado a la derecha. Lo esencial siguió siendo aferrarse a sus posiciones en el aparato de Estado, esperando encontrar

Los centristas, en particular el PRP y el MES, a la par que manifestaban una total mismos habían escogido, declararon que "había llegado la hora de darle burguesía una lección definitiva." separación del verdadero movimiento de drásticamente revelada. Su denuncia de la traición del PCP correspondía con sus ilusiones, tanto de la orientación estratégica de los estalinistas como sobre la correlación de fuerzas que mantenían con los aparatos reformistas.

La clase obrera no participará en ningún momento en ese abortado golpe, llegando a lo sumo a manifestar reflejos autodefensivos con respecto a sus conquistas, movilizándose en las empresas. Tanto la forma como los objetivos de la rebelión del 25 de noviembre no pueden más que hacer imposible la movilización de las masas y situar en ellas la mayor incertidumbre y confusión. Los soldados permanecerán a la espectativa. No están dispuestos, aislados del movimiento de masas, a lanzarse a una batalla cuyas implicaciones desconocen.

12. La "victoria ofensiva" en el plano militar da a la burguesía la oportunidad de iniciar un proceso de reconsolidación del aparato de Estado, precondición de cualquier posibilidad de un restablecimiento parcial del orden en las fábricas y en el campo y de concretar el plan económico, cuyas líneas generales fueron definidas a principios de noviembre. Por ello pondrá en primer lugar el acento en:

—control de las existencias de armas y constitución de un aparato de represión concentrado en la PSP y la GNR, transformados en fuerza operacional (poniendo de este modo en práctica una idea original del atrevido a poner frente a frente a soldados y trabajadores).

—cambios en los cuerpos de oficiales con el fin de asegurar el control de la ola de nuevos reclutas, y una reducción de los efectivos, tendiente a la profesionalización de cierto número de unidades estratégicas.

—y por último, un control de la radio y de la televisión, así como una reestructuración de la prensa, con el fin de poner a disposición del Gobierno los medios de manipulación de la opinión pública y de restringir el eco de las luchas, incluso parciales, que repercutía en la prensa escrita y hablada, y poner fin a los debates políticos permanentes que estos favore-

Utilizando sus puntos de apoyo en el ejército y en el aparato de Estado en general, la burguesía intenta hacer sentir, en el terreno social, su recobrada iniciativa. El Gobierno prolonga el período de suspensión de los contratos y con ello cuestiona las conquistas de los movimientos reivindicativos de los meses de octubre y noviembre de 1975. La CIP (Confederación de la Industria Portuguesa) reaparece

Run plan de austeridad, la congelación de los salarios y el restablecimiento del poder patronal en las empresas. La derecha y la extrema derecha aprovechan esta ruptura para cuestionar—apoyados por la movilización de los propietarios—no sólo las ocupaciones de tierras sino también el principio mismo de la reforma agraria. Se perfila un proceso de reestructuración de las fuerzas de la burguesía y su centro de gravedad se desplaza claramente hacia la derecha: los spinolistas y las corrientes análogas conquistan puestos claves en el mando militar; el bloque social de la reacción consolida sus posiciones en regiones enteras y busca transformarlas en fortalezas para una futura prueba de fuerza; la extrema derecha reaparece en la escena política y se hacen visibles sus vínculos con los partidos oficiales de la burguesía y un sector de la jerarquía militar. El 25 de noviembre le ha dado, pues, nuevamente confianza a la burguesía; ésta reorganiza sus fuerzas y confecciona un aparato de Estado apto, susceptible de reprimir, a corto plazo, al movimiento de masas, y de contener las luchas más avanzadas.

La primera fase de esta ofensiva se sitúa en el nivel preciso en que se afirmó el éxito de la burguesía. En el terreno social, trata de maniobrar posponiendo el plazo de una verdadera batalla frontal y no por ello dejando de preparar los elementos de una ofensiva de conjunto. La clase obrera no fue una protagonista del 25 de noviembre, la burguesía es consciente de que aún tiene que arreglar cuentas con los trabajadores. Por ello, como la prueba del 25 de noviembre no proporcionó pruebas del estado de las fuerzas repectivas, algunos sectores de la burguesía perciben la posibilidad de una discordancia entre el reforzamiento inicial del aparato de Estado, y la capacidad de imponer de forma duradera una serie de medidas antiobreras. Esto se refleja en las divergencias que atraviesan al PPD, y en las divisiones en el seno de los partidos burgueses sobre la cuestión de las alianzas con los partidos reformistas de la clase obrera, así como las fisuras, aunque limitadas, en el seno del cuerpo de oficiales.

Sin embargo, la crisis en el funciona miento del sistema capitalista, así como de la profundidad de la recesión y del hundimiento de ciertas ramas industriales, casi no le permiten a la burguesía posponer los ataques contra las conquistas de las masas trabajadoras y restringirlas rigurosamente. Los decretos gubernamentales de los meses de diciembre 1975 y enero de 1976 presagian esta tendencia.

Es allí donde reside la contradicción fundamental entre las necesidades objetivas desde el punto de vista de burguesía-que condiciona la naturaleza de las medidas a tomar para frenar al movimiento de masas y asegurar una reactivación de las inversiones—y la correlación de las fuerzas sociales que resulta de la fase anterior, las cuales apenas han sido modificadas de forma cualitativa por los efectos de la derrota militar de un sector del ejército.

En efecto, la ayuda imperialista podría permitir la realización de diversas inversiones, por ejemplo, en trabajos públicos, ya que esto tiene un efecto inmediato sobre el desempleo, y dar de esta manera, un cierto respiro. Pero esto no elimina la cuestión del funcionamiento del sistema capitalista, es decir, del restablecimiento del orden patronal (supresión del control obrero, aumento de la productividad, detención de las ocupaciones de fábricas enteras, aumento de la jornada de trabajo, reducción de los salarios reales para permitir una reactivación de la cuota de ganancia ...). Por el contrario, todo esto se halla en función de lo anterior. En este sentido, parecen inevitables toda una serie

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de confrontaciones bastante rápidas en este terreno.

Todo esto indica la imposibilidad de una estabilización real sin inflingir una profunda derrota al proletariado. Incluso en el caso de que se realizara el poco probable escalonamiento de brutales medidas contra el nivel de vida de los trabajadores (que exigiría una amplia movilización de las reservas internas y la intervención imperialista) y se combinara con vacilaciones importantes en el campo obrero, no podrían prolongarse por mucho tiempo los plazos de una nueva prueba de fuerza en el terreno social y político.

13. La transferencia de la derrota de una parte de los soldados y de los revolucionarios" al plano de la correlación de fuerzas sociales no ha tenido por efecto su modificación de manera cualitativa. Sin esta derrota actúa como un revelador de las debilidades políticas y organizativas del ascenso obrero, semiespontáneo y semiconsciente, desnudo las desigualdades del desarrollo de la combatividad y de la conciencia de éste. Lo cual no implica que haya que cambiar la opinión sobre la naturaleza de la correlación de fuerzas anteriores al 25 de

Durante 18 meses, éstas se modificaron en favor de la clase obrera y en contra de las clases dominantes, hasta tal punto que, durante el otoño de 1975 los trabajadores contradijeron las principales decisiones de un Gobierno que se pretendía de "orden y disciplina" (la ocupación de las radios por orden de Pinheiro de vuelve contra el objetivo gubernamental; cuestionamiento de la AMI; derrotas infringidas al Ministerio de Trabajo ...). De hecho, la misma madurez de la situación objetiva hacía indispensable, para asegurar cualquier paso hacia adelante, una estrategia global anticapitalista, una extensión y centralización de los órganos propios de los trabajadores. Subrayaba los límites del ascenso espontáneo y empírico del movimiento de masas. La debilidad del factor subjetivo va, pues, a revelarse con fuerza y a modificar la evolución de la correlación de fuerzas.

Después del 25 de noviembre de 1975, el retroceso limitado del "proceso revolucionario" va a expresarse, entre otras cosas, en un complejo desarrollo de la recomposición del movimiento obrero organizado.

a. Las capas de trabajadores más atra. sados, que entraron en la lucha con ocasión del movimiento reivindicativo del otoño de 1975, experimentaron una radicalización y una politización aceleradas y superficiales, lo cual los hace vulnerables a la ofensiva burguesa. Su dependencia en relación a los aparatos reformistas aumenta cuando el ataque gubernamental se sitúa precisamente al nivel en que estas organizaciones juegan un papel decisivo para la organización de una respuesta de conjunto. EI retroceso del movimiento obrero hace pues, resurgir con más fuerza March 29, 1976 las diferencias en la madurez política de la clase obrera dependiendo de sus diferentes regiones y ramas industriales. El desnivel existente entre el proletariado del cinturón industrial de Lisboa y del Alentejo y el del resto de la masa de trabajadores podría aumentar si los sectores que ven suspendicontratos no dan, en el terreno económico, una respuesta retraso de los trabajadores en la organización de la respuesta podría combinarse con las movilizaciones y un cambio de actitud por parte de la burguesía y suscitar una modificación de la correlación de las fuerzas sociales en su conjunto.

b. La falta de centralización de los órganos propios de los trabajadores—-que no permite, en período de ascenso contrarrestar el desarrollo desigual de la conciencia y el grado de auto organización-revela crudamente las entre las comisiones de moradores y las comisiones de trabajadores y los diferentes niveles de representatividad de las segundas. Este proceso facilita una operación de recuperación y de integración a la estructura sindical de las comisiones de trabajadores por parte de los reformistas tanto más disponen de coordinadoras y de los medios de realizar cierta centralización, además de que poseen una influencia determinante en la Intersindical.

Paralelamente, en este período de recuperación de las fuerzas de la clase obrera, se refuerza el peso de las organizaciones sindicales. Se abre una nueva etapa en la extensión de la sindicalización. Esta combina tres aspectos: a la penetración más profunda de las organizaciones sindicales en los sectores que nunca, en el período anterior al 25 de abril de 1974, habían sido sindicalizados (profesores, servicios públicos); la ampliación de los sindicatos de profesionistas que salieron del antiguo sistema "sindical" con carácter corporativista; y el nacimiento y la expansión de los sindicatos por rama (metalurgia, construcción civil, correos). Después noviembre de 1975, algunos sindicatos con dirección socialista se integran a la Inter-

Así se abre un nuevo debate, tanto en lo que respecta al tipo de réplica que requieren las medidas tomadas por el gobierno, como en lo referente al funcionamiento democrático de los sindicatos. Este proceso atenta contra el control burocrático del PCP y tiende a agravar las contradicciones en un PS que se sabe la clave del c. La naturaleza misma del obrero, escalonado y sin encontrar mayores obstáculos, favorecía una capacidad de iniciativa y una audiencia reales de la vanguardia obrera amplia. Sin embargo, el carácter semiespontáneo y semiconsciente del movimiento se refleja en la distorsión entre el nivel de organización política de esta vanguardia y su amplitud. En esta la identificación de las victorias de los soldados y la de los trabajadores, constituye un rasgo determinante de su percepción política y explica el impacto que ha tenido sobre ella la derrota de una parte de los soldados.

Así, durante el repliegue, se revela la debilidad cuantitativa de la fracción organizada de esta vanguardia obrera amplia, su confusión política afloja los vínculos con la periferia y facilita así un control de la fuerza organizada de los reformistas (especialmente el PCP) sobre esta última. La inexistencia de una organización revolucionaria creíble capaz de extraer las lecciones del 25 de noviembre, de hacer que esta vanguardia obrera amplia asimilara esta experiencia, y de utilizar los elementos educativos de los enfrentamientos para reforzar la autonomía de clase, aumenta su desconcierto, frena sus ritmos de recuperación y limita su capacidad de encabezar respuesta decidida a la ofensiva gubernamental en el plano económico.

d. Las conclusiones del 25 de noviembre extraídas por el PCP, cuya estrategia está condicionada esencialmente por un proyecto reformista de "revolución democrática" y por la preocupación de mantener sus posiciones en el aparato de Estado y, más especialmente en el aparato militar, lo conducen lógicamente a un viraje derechista. Otorga nuevamente la prioridad a la lucha antifascista en la perspectiva de la construcción de un régimen democrático. Por ello, insiste en la alianza con el PS, a la par que realiza aperturas hacia la escisión del PPD, en el contexto de la búsqueda de una alianza con la pequeña burguesía urbana y de algunos sectores de

La debilidad y la confusión de la "izquierda revolucionaria"-que no ha logrado capitalizar las tensiones en el seno del PCP después del 25 de noviembre -facilita la instrumentalización de órganos autónomos por la corriente stalinista. Esto puede permitirle, sin mayores riesgos, retroceder respecto a ciertas conquistas de las masas. Pero sus vínculos con la clase obrera y la combatividad de gran parte de sus militantes obreros, le obligarán a responder en el terreno económico tratando de canalizar al movimiento en el marco sindical, a fin de impedir un resurgimiento de las comisiones de trabajadores como órganos embrionarios de dualidad de poderes. Así mismo, difícilguardar silencio ante la gubernamental riesgo de suscitar tensiones internas y de restringir aún más su influencia entre los militantes de izquierda, por lo que tratará de evitar, a toda costa, nuevos choques, y sus declaraciones de oposición a la política económica y social del gobierno no serán seguidas de indicaciones precisas sobre las formas que debería tomar la respuesta.

e. Al apoyar la represión y los decretos gubernamentales, el PS ha dado un paso más en su carrera contrarrevolucionaria. Ahora bien, el reagrupamiento a la derecha de la jerarquía militar, la ofensiva

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contra la reforma agraria, las proclamas reaccionarias del PPD y del CDS indican quiénes son los beneficiarios de la estabilización del Estado burgués, de las medidas necesarias para la reactivación de una economía de mercado, y quiénes verdaderos artífices de un restablecimiento del orden capitalista. La naturaleza del PS sus relaciones con la clase obrera, no lo instrumento funcional asegurar la aplicación de medidas de ataque frontales contra el nivel de vida de los trabajadores. La contienda electoral, así como la situación política, lo obligan a reforzar su presencia organizada en el movimiento obrero. Paralelamente, para competir por la clientela electoral pequeñoburguesa con el PPD, debe afirmarse como de orden. Estas dos exigencias contradictorias, así como los ataques del contra las conquistas trabajadores, entre otros, de los organizados sindicalmente e influenciados por el PS, pueden hacer surgir las contradicciones internas que habían quedado ocultas por la lucha contra el PCP y permitir el desprendimiento de tendencias opositoras. Finalmente, el peligro confirmado de un reforzamiento de la extrema derecha reactiva las aspiraciones unitarias en el seno del movimiento obrero y puede poner en situación difícil a la dirección de f. La discrepancia entre el desarrollo real de la lucha de clases y las perspectivas por las corrientes centristas y ultraizquierdistas determina una profunda crisis de estas organizaciones. El viraje del MES y del PRP los conduce a desarrollar una línea antifascista cuya dinámica está adaptaciones oportunistas dirigidas al PCP; incluso, hay sectores que siguen la dirección de la "izquierda del MFA " En cuanto a la UDP, su actitud hipersectaria hacia el PCP, que es caracterizado como socialfascista y preconiza la formación antifascista" apoyado en los "órganos de voluntad popular."

La crisis de las organizaciones centristas del tipo PRP y MES, combinada a la debilidad del polo trotskista, deja en el futuro inmediato cierto espacio a las corrientes como la UDP.

La adopción por todas estas corrientes de la línea antifascista, cualesquiera que sean las motivaciones, aumenta la incertidumbre en la clase obrera, la desmoralización de su vanguardia y contribuye a diluir las necesarias consignas de respuesta al ataque económico de la burguesía en una confusa óptica de "lucha antifascista."

14. La nueva etapa abierta por el 25 de noviembre de 1975 no se caracteriza per una modificación cualitativa de la correlación de fuerzas sociales entre la burguesía y el proletariado. Sin embargo, termina el período caracterizado por una crisis profundizada del aparato de Estado, el que por lo demás, ya no se ve enfrentado a la centralización de los órganos de dualidad de poderes. Los rasgos dominantes siguen siendo los de una situación prerrevolucionaria. La burguesía ha recuperado cierta iniciativa política y ha comenzado una restructuración de su aparato de Estado, sin haber inflingido una derrota a la clase obrera, ni superado su crisis de dirección política. Las divisiones en el PPD, en la jerarquía militar, así como los debates entre CDS y PPD reflejan esta crisis. El CDS quiere aparecer como el único defensor consecuente de los intereses de la

By trata de afirmarse como dirección alternativa en el campo burgués, tratando de instrumentalizar a distintas capas de la pequeña burguesía-la que también proporciona sus tropas a la extrema derecha-para asentar su base

El proletariado industrial y agrícola, cuyo potencial de combate es muy importante, se enfrenta, por primera vez, a un cuestionamiento de sus principales conquistas, disponiendo de importantes puntos de apoyo (sindicatos, comisiones de trabajadores, ligas campesinas, partidos) y de una rica experiencia de luchas que le permiten responder a la ofensiva burguesa e iniciar, a corto plazo, luchas económicas. Una reactivación del movimiento reivindicativo ante los atentados contra el nivel de vida permitiría reactivar los órganos autónomos de las masas, cuya columna vertebral sería constituida por las comisio-

Nuevamente, centralización y su transformación en órganos de dualidad de poderes se convertiría en un objetivo inmediato.

Una provocación económica o política de la burguesía, o de algunos de sus sectores ciegos (por confiados), podría, no solamente acelerar tal respuesta, sino incitar a una forma masiva y unitaria de movilización que podría terminar con los efectos de consolidación del aparato de Estado y pondría de nuevo, y objetivamente, a la orden del día la cuestión del poder de las masas trabajadoras.

Men la realización de la contraofensiva obrera favorecería la consolidación de los instrumentos de la burguesía para entrar en una nueva prueba de fuerzas, quizás un poco pospuesta, pero no por ello menos decisiva.

La dinámica, los ritmos y los plazos de la situación política portuguesa también determinados por la profundización de la crisis de sucesión del franquismo y la entrada en la escena política de las masas obreras en España. En un plazo relativamente corto podría agregarse, pues, un elemento de desequilibrio a los factores estructurales de inestabilidad propios de Portugal.

Las tareas a las cuales debe hacer frente el proletariado en esta nueva etapa subrayan la urgencia de la necesidad de la construcción de una dirección revolucionaria capaz de asegurar una elevación de la conciencia de clase y conducir al proletariado y sus aliados a la conquista del poder.

IV

15. Cualesquiera que sean las fluctuaciones del "proceso revolucionario," nada evitará la prueba de fuerza decisiva entre las dos clases fundamentales. Revolución y contrarrevolución, victoria de la clase obrera y establecimiento de un Estado obrero o aplastamiento político de los trabajadores e instauración de un "régimen fuerte" (dictadura militar, dictadura fascista or semifascista ... ): esta es la alternativa real que se presenta a las masas trabajadoras portuguesas. La LCI debe hacer todo lo posible por preparar a las masas para tal conflicto, apoyándose múltiples y ricas experiencias efectuadas por los trabajadores antes del 25 de noviembre, esforzándose porque la mayoría de las capas de la clase obrera asimile las lecciones del 25 de noviembre, proporcionando un proyecto político de conjunto creíble a los ojos de las masas trabajadoras para transformar la respuesta inicial a los ataques burgueses contra las conquistas a. Aprovechando la política reformista de las direcciones del movimiento obrero, la burguesía trata de traducir al social la victoria política y militar obtenida el 25 de noviembre. En este contexto, la tarea prioritaria de los marxistas revolucionarios consiste en estimular, por medio de la propaganda, la agitación y las iniciativas prácticas, el contraataque más unitario y más radical contra los efectos del plan de austeridad del gobierno, contra el cuestionamiento del control obrero y de todas las manifestaciones de contestación del poder patronal en las empresas, así los atentados contra la reforma agraria.

La correlación de las fuerzas sociales, el potencial de combatividad, los instrumentos de que disponen la clase obrera y los trabajadores agrícolas, les permiten inflingir un categórico desmentido a la actual ofensiva patronal y gubernamental. Un retraso de los plazos de respuesta puede acentuar la desorientación limitada de los trabajadores, aumentar la influencia reformista, vaciar de su contenido a las organizaciónComisiones de Trabajadores-y ampliar el espacio que favorece un reagrupamiento de las fuerzas en el campo burgués, así como la afirmación de una dirección en su seno. Las elecciones de abril, en esas condiciones, podrían acelerar y consolidar este proceso.

Los marxistas revolucionarios deben, pues, dar una gran importancia tanto a la organización de la solidaridad como a la de la popularización de las luchas parciales y radicales que se están desarrollando desde ahora, en oposición a la política de las direcciones reformistas que contribu-

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yen a aislarlas. Esto puede constituir un que favorezca las movilizaciones más amplias, demostrando que es posible la victoria y, permitiendo, sobre todo, el volver a poner a la orden del día las formas de lucha más avanzadas de la fase actual coyuntura, la batalla central se desarrollará contra las medidas de suspensión de los contratos, es decir, de negación de las conquistas obtenidas por el movimiento reivindicativo del otoño de 1975. Al suspender los contratos, el gobierno sondea las reacciones del grueso de la clase obrera, al mismo tiempo que golpea con más fuerza en el punto en que la respuesta de los trabajadores está fuertemente determinada por la política de las organizaciones sindicales y, por guiente, de los aparatos reformistas. Dada la conjunción de la amplitud del ataque al nivel de vida y el potencial de lucha mantenido en las filas obreras, es muy poco probable que el gobierno-incluso aprovechando la orientación de las organizaciones reformistas-logre hacer pasar el conjunto de sus medidas. Una respuesta muy fragmentada podría permitirle al gobierno, incapaz de hacer avanzar todos sus peones en todas las casillas del tablero, el llevar sus esfuerzos a los sectores políticamente más atrasados, así como más débilmente organizados y obtener algunos éxitos. De esta manera podría aumentar la división de la clase obrera entre diversos sectores y regiones. Es por ello que los marxistas revolucionarios, a partir de las movilizaciones que se desarro llarán en una rama u otra, insistirán en la necesidad de la coordinación y la generalización de la respuesta, para hacer fracasar los ataques que efectivamente golpean a la

Sin embargo, un movimiento reivindicativo de gran envergadura para impedir las medidas de austeridad, plantea agudamente la cuestión del funcionamiento de de una economía confrontada a una grave crisis coyuntural y estructural. Para cualquier respuesta de conjunto, pero sobre todo si la lucha mantiene un nivel elevado, son necesarias perspectivas globales claras, así como una solución articulada desde el punto de vista de la clase obrera. Por ello, es imprescindible para los marxistas revolucionarios la elaboración de un cuerpo de reivindicaciones y un plan de lucha que constituyan una respuesta concreta a los problemas sociales y económicos del país, afirmandose como una alternativa ante las soluciones reformistas de todo tipo. Tal proyecto debe ser el soporte de la intervención de la

Es necesario combinar, en las luchas parciales, la propaganda por estas soluciones de conjunto, con el fin de aumentar todas sus posibilidades de traducción en iniciativas de masa.

b. La aplicación del plan gubernamental de austeridad implica el cuestionamiento March 29, 1976 de las libertades de organización y de expresión arrancadas por los trabajadores en el transcurso de 18 meses de lucha.

Por el momento, el gobierno aún no está en la posibilidad de desplegar una amplia ofensiva represiva, limitándose a la aplicación de medidas selectivas destinadas a preparar el terreno para golpear más duramente a la vanguardia. Estas medidas toman tanta más significación política cuanto que los soldados y oficiales arrestados el 25 de noviembre son mantenidos en prisión, mientras que los participantes en el complot del 11 de marzo y el personal policíaco del régimen salazarista han sido

Todo el movimiento obrero debe organizar una amplia campaña por la liberación prisioneros políticos que haga retroceder a la burguesía y su gobierno y le impida atentar contra los derechos de expresión y organización del movimiento obrero. Al mismo tiempo, es necesario que se exija, ante la gran cantidad de reincorde ex-agentes del corporativista a sus funciones, su depuración inmediata, y que se tomen medidas en sentido, donde quiera que esto posible y pueda, a su vez, ser motivo de una adhesión popular.

La recuperación y funcionamiento de los efectivos y de los medios de la GNR y de la Policía de Seguridad Pública, respectivamente), fuerzas de choque del viejo régimen, ponen a la orden del día la necesidad de realizar una extensa agitación por el desarme y la disolución de estos cuerpos actual coyuntura, el gobierno puede tratar de apoyarse en una legislación antiobrera (ley sobre la prensa, sobre el derecho de huelga), no aplicada hasta ahora, debido al ascenso del movimiento de masas. Esto convierte en primordial la lucha por la derogación de estos decretos ley y por la defensa incondicional del derecho de manifestación y de huelga de los trabajadores, del derecho de expresión y organización de todas las tendencias del movimiento obrero y de las estructuras propias de las masas trabajadoras. Es en perspectiva que debe situarse la campaña contra el pacto propuesto por el Consejo de la Revolución, el que trata de sus posiciones, incluso medio de una operación presidencialista, para desarrollar una política antiobrera y cuestionar las conquistas de los trabajadoc. Las comisiones de trabajadores y los sindicatos siguen siendo los instrumentos privilegiados para la realización de una respuesta de masas al ataque patronal y gubernamental contra las conquistas obreras y populares. La orientación defendida por los marxistas revolucionarios en las comisiones de trabajadores y en los sindicatos debe evitar cualquier oposición de estos entre sí y debe subrayar su carácter complementario. Ante el proyecto reformista de integración de las comisiones de trabajadores en la estructura sindical, de la negación de su autonomía y de su función específica, es necesario poner el acento en la preservación de esta autonomía y en su representatividad de masas. Esto no puede desprenderse sino de la demostración efectiva de que las comisiones de trabajadores asumen tareas que se inscriben en el marco general del control obrero, concebido como medio de una verdadera defensa de los intereses de la clase y de un inicio de realización de sus aspiraciones. Las decisiones gubernamentales y el proceso de recomposición del movimiento obrero confieren a los sindicatos un papel más importante y subrayan la de desarrollar en ellos trabajo sistemático para la construcción de una tendencia revolucionaria. Este trabajo sindical debe permitir el que penetren en los sectores atrasados una serie de reivindicaciones transitorias y un debate sobre los temas ligados al control obrero. Además, la presencia a escala nacional en los sindicatos y su animación por parte de los militantes revolucionarios puede impedir el aislamiento de las comisiones de trabajadores en ciertas ramas industriales.

En el plano sindical, el objetivo estraté gico sigue siendo el de la construcción de una central sindical única independiente, organizada por ramas industriales y que grande democracia obrera. La batalla por este funcionamiento democrático y por la liquidación de las estructuras corporativistas puede combinarse con el desarrollo y reforzamiento de las comisiones de trabajadores e incluso facilitar su centralización por ramas.

Ante la crisis económica y los decretos gubernamentales, la definición de opciones globales para consolidar el contraataque sindical exige la más libre discusión de las diferentes orientaciones y pone de relieve la importancia de un congreso sindical democrático. La expresión de las necesidades, la formulación de las reivindicaciones y la definición de una estrategia de lucha necesitan de la existencia del derecho de tendencia, es decir, la posibilidad de un sin obstáculos, en donde cada corriente del movimiento obrero hacer valer sus soluciones ante el conjunto de los trabajadores. Esta confrontación de ideas constituye la precondición real del respeto y puesta en práctica de las decisiones tomadas por la mayoría. Esto debe ser presentado constantemente como una alternativa a la práctica manipuladora de las direcciones reformistas en los sindicatos y particularmente del PCP en el aparato nacional de la Intersindical.

d. Los marxistas revolucionarios afirman el papel decisivo que para el futuro de la revolución portuguesa tienen las comisiones de trabajadores, que son el fruto del movimiento propio de las masas, y han permitido superar las divisiones de los sindicatos por oficio, asumir las tareas

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permanentes de control obrero y, embrionariamente, de autodefensa, asegurar la unión de las masas populares y tomar iniciativas radicalmente anticapitalistas (principios de readaptación de la economía, vínculos entre los trabajadores agrícolas e industriales, etc.)

Las comisiones de trabajadores se imponen como un eje a partir de:

—la necesidad de unidad en la lucha experimentada por los trabajadores en las empresas;

—la necesidad de la generalización del control obrero, especialmente en el sector nacionalizado;

—la necesidad, ya expresada en las plataformas reivindicativas de algunas empresas, de un plan de lucha de conjunto contra el desempleo, por la readaptación de ramas enteras de la economía, por el establecimiento de vínculos directos entre los diversos sectores de la producción industrial y entre éstos y la agricultura, para la definición de las prioridades de producción del sector nacionalizado.

El objetivo sigue siendo, pues, el desarrollo, la coordinación y la centralización de las comisiones de trabajadores como eje central del desarrollo de los órganos de dualidad de poderes.

En esta perspectiva, la coordinación a nivel de ramas puede constituir una mediación para llegar a un congreso central nacional de comisiones de trabajadores y desembocar en una situación de dualidad de poderes.

La propaganda y la agitación por la centralización se enraiza en las luchas y las necesidades concretas de los trabajadores; su dinámica revolucionaria reside en el hecho de que atribuye a las comisiones de trabajadores las funciones de los consejos obreros y de que las conducen a conflictos directos con el gobierno de coalición y la maquinaria del Estado burgués.

El congreso nacional de comisiones debe ser presentado como el marco organizativo más adecuado para la confrontación de las experiencias diseminadas, para el recuento de las informaciones necesarias para la elaboración de un plan obrero de reorganización de la economía portuguesa, para asegurar las condiciones de ejecución de las decisiones tomadas. La elaboración de este plan debe conjugarse con el desarrollo del control obrero. En efecto, este plan se basa en el balance de las capacidades de producción de las empresas agrícolas e industriales, del estado de los medios de comunicación y de los transportes y en un recuento de las necesidades de consumo privado y colectivo de las masas trabajadoras, así como las necesidades de bienes productivos. De tal suerte que un congreso nacional de las comisiones de trabajadores surja como elemento central de una respuesta autónoma de la clase obrera a la crisis social, económica y política y pueda permitir el soldar en torno al proletariado a sus aliados de entre las masas urbanas y rurales.

La tarea determinante para la realización de estos objetivos-que requieren una unificación de la clase obrera y una transformación de los órganos propios de los trabajadores en verdaderos órganos de frente único al nivel más elevado-es la defensa, por parte de los marxistas revolucionarios, del pleno ejercicio de la democracia obrera en la constitución y funcionamiento de las Comisiones de Trabajadores.

Bello, es necesario destacar los siguientes puntos:

—La elección libre y democrática de los delegados de las comisiones de trabajadores, así como su revocabilidad por la base y no su designación por los partidos según proporciones arbitrarias y fijas.

—El derecho de los delegados a agruparse en corrientes y tendencias políticas y a debatir todos los problemas según su ideología propia.

Es sólo en función de la amplitud y del resultado de tal campaña de explicación como puede desplazarse del espíritu de los trabajadores la falsa polarización provocada por los dirigentes del PS a la vez que favorecida por la orientación y los métodos burocráticos de la dirección del PCP, entre un Estado "democrático" situado de hecho en el marco del sistema capitalista y una "dictadura comunista" que destruiría las libertades. La experiencia masiva de democracia obrera, tanto en las comisiones de trabajadores como a nivel de un congreso de rama o un congreso nacional, es lo único que puede permitir la recomposición de la unidad del frente proletario y convencer a los trabajadores de que un Estado obrero, basado en los Consejos, garantizaría las libertades democráticas cualitativamente superiores a las que concede la democracia burguesa tradicio nal.

Finalmente, un incremento de la actividad de las comisiones de trabajadores en esta dirección puede proporcionar una referencia que facilite un resurgimiento de las comisiones de moradores como órganos propios de las masas trabajadoras en los barrios y las localidades y eliminar la tendencia estimulada por los reformistas de convertirlas en apéndices del aparato estatal (municipalidades). Las tentativas de la burguesía de recuperar los edificios ocupados durante la oleada que siguió al 11 de marzo y los atentados a las condiciones de vida de las masas ofrecen en este momento una ocasión favorable para

By extender las comisiones de moradores. Uno de los centros de gravedad de su intervención debe ser la toma de iniciativas de control de los precios, de vinculación con las cooperativas agrícolas la venta de productos y la lucha contra las redes capitalistas de distribucomo contra las operaciones especulativas de acaparamiento de bienes de consumo.

e. Después de haber organizado el apoyo al intento de golpe de estado del 28 septiembre de 1974, los terratenientes opusieron una resistencia dispersa a la progresión de la reforma agraria, sin ser capaces de organizar una movilización de masas.

La negativa a aplicar la ley de reforma agraria, el secuestro de ganado y material agrícola, la no reparación de máquinas, el incendio de las cosechas, los atentados individuales, siguieron siendo las armas preferidas de los latifundistas. Pero ante la agravación de la lucha de clases en el campo (ocupación de tierras, bajo el quinto y sexto Gobiernos, unión de los trabajadores de la metalurgia del Sur, los asalariados agrícolas y los pequeños campesinos pobres ...), la segunda "concentración de agricultores" de Rio Maior, realizada en noviembre de 1975, marca un progreso importante de la reacción capitalista. Además de las ocupaciones de tierras se ataca a la reforma agraria en tanto que expropiados logran reunir a los pequeños y medianos comerciantes (cuyas especulaciones se ven amenazadas por la racionalización de los circuitos comerciales debido a la reforma agraria), así como a los campesinos ricos y a los pequeños y medianos del Norte y del Oeste.

La tentativa de cristalización de un bloque social por parte de la reacción, especialmente en el Norte y el Centro, constituye una amenaza para la revolución portuguesa. El movimiento obrero no puede pensar en la posibilidad de una salida victoriosa a la hora de una prueba de fuerzas con la burguesía si no es a condición de que se desintegre, por lo menos parcialmente, tal bloque y de que amplie su propia base de apoyo.

Pero, para lograrlo, hay que poner el acento sobre todas las medidas que los sindicatos y comisiones de trabajadores de los sectores industriales y bancarios pueden tomar para proporcionar una respues. ta a las necesidades inmediatas trabajadores agrícolas y de los pequeños campesinos (abonos, créditos, máquinas, etc.). Luego hay que demostrar la comunidad de intereses que los liga al progreso de la revolución, haciendo evidente que solaplanificación central, bajo control obrero, de la producción de abonos, máquinas y herramientas agrícolas, así como la utilización central del crédito, pueden permitir, tanto una ayuda a las cooperativas y a las tierras expropiadas y a las transformadas en propiedades colectivas de Estado, como una readaptación planificada de los cultivos y de la producción agrícola.

Una modificación de la correlación de fuerzas en el campo exige un reforzamiento de los sindicatos agrícolas, de las ligas de trabajadores agrícolas, así como un incremento del peso de los campesinos pobres, los arrendatarios y los aparceros, en el seno de los consejos de aldea en las zonas

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de la pequeña propiedad.

Esta consolidación de la organización propia de los trabajadores de la tierra debe reforzar la unión entre estos órganos y los de los trabajadores industriales, bancarios y del comercio, para asegurar la aplicación y profundización de la reforma agraria, independientemente de la estructura del Estado burgués. Finalmente, deben ser reforzados los instrumentos de autodefensa para contrarrestar las operaciones de recuperación de las tierras y de intimidación desplegadas por los latifundistas y sus milicias armadas.

revolucionarios aprovecharán la lección del 25 de noviembre para combatir las concepciones aventureras y minoritarias y desarrollar la propaganda por la autodefensa de las masas como prolongación de los órganos embrionarios del poder proletario y para la protección de todas las organizaciones políticas y sindicales de movimiento obrero. Sólo esta óptica puede preparar a amplios sectores de los trabajadores para responder a cualquier tentativa reacciona-

En lo inmediato, las maniobras de la extrema derecha así como la utilización de la GNR-PSP o, eventualmente, de unidades militares especializadas, da un relieve particular a la organización de piquetes de autodefensa.

Además, a la luz de la importancia concedida por la propia jerarquía a la recuperación de los arsenales, hay que explotar las experiencias, anteriores al 25 de noviembre, de control de los depósitos de armas y todas las iniciativas tomadas en el sector de las fábricas de armamento, para desarrollar una propaganda concreta sobre el tema del control, por parte de los trabajadores y los comités de soldados, de los depósitos así como de la utilización de b. La contraofensiva de la jerarquía militar, aunque modifica profundamente las condiciones de movilización de los soldados, no por ello suprime todas las posibilidades de lucha en los cuarteles, nutridos por la experiencia vivida por muchos de ellos. La audiencia movimientos pasados entre los nuevos reclutas puede facilitar la resistencia a la disciplina militarista. La actividad de los militantes revolucionarios en el ejército tiene por objeto la defensa de los derechos democráticos, de organización y de expresión de los soldados. En torno a este eje pueden volver a tomar forma las estructuras propias de los soldados que conduzcan al resurgimiento de un movimiento autóno-

Tal movimiento constituye la mayor seguridad de que el gobierno no podrá utilizar a la tropa contra los trabajadores. Los revolucionarios deben hacer todo lo posible para que se perpetúe lo que constituía una de las conquistas más importantes del movimiento de los soldaMarch 29, 1976 dos: su negativa masiva a volverse contra los trabajadores. Sobre esta base, hay que insistir en la necesidad de la unión entre los órganos de los soldados y los de la clase obrera y sobre la discusión previa de las órdenes, lo que, ulteriormente, puede facilitar la agitación en favor de la elección de los oficiales por los propios soldados.

La propaganda antimilitarista : integrarse en los diferentes aspectos del trabajo de masas (en los sindicatos, en las comisiones de trabajadores y las comisiones de moradores). La de los marxistas revolucionarios debe diferenciarse radicalmente del pacifismo de los reformistas y debe tratar de que los trabajadores abandonen cualquier esperanza de clemencia de parte de una burguesía "demócrata" cuando ésta haya decidido pasar de las maniobras políticas a un decidido ataque contra la clase obrera y sus aliados. El principio del desarme de la burguesía y del armamento del proletariado debe constituir la base de toda nuestra propaganda antimilitarista, fuera y dentro de los cuarteles.

c. El ataque contra el nivel de vida de los trabajadores, así como el reforzamiento de las medidas reaccionarias, con los peligros que implica para la clase obrera, no solamente crean las condiciones objetique exigen una sólida unidad del frente proletario, sino que agudizan la aspiración unitaria. Las consignas unificadoras que respondan a las necesidades más importantes del proletariado, deben servir de instrumentos para la realización en la lucha de un frente único contra la reacción económica y política. La táctica del frente único obrero constituye la clave de cualquier tentativa real de iniciar acciones de masas y comprometerse así en la vía de la conquista de la mavoría de la clase obrera No se desprende de esta orientación que haya que subordinar toda iniciativa a un acuerdo previo direcciones reformistas del movimiento

En efecto, hay que buscar la unidad de acción con todas las fuerzas políticas dispuestas a entablar, sin esperar, la lucha, tanto en el terreno de la defensa de las conquistas de masas contra la represión gubernamental y patronal, como en favor del desarrollo y coordinación de las comisiones de trabajadores, y de las comisiones moradores. Paralelamente, en el plano sindical, hay que poner el acento en las reivindicaciones unitarias; la constitución de reagrupamientos (con listas sindicales comunes por ejemplo) puede convertirse en un importante incentivo para presentar alternativas a las avanzadas por los reformistas que se encuentran a la cabeza de los sindicatos.

Tal orientación-que puede reactivar a la vanguardia obrera amplia y encontrar una audiencia en las filas reformistas (especialmente el PCP)-debe articularse con una propaganda unitaria hacia las direcciones reformistas y la multiplicación de las proposiciones tendientes a implicar en la acción a los trabajadores influenciados por el PS y el PCP.

Esta propaganda y esta agitación permanentes por el frente único, la afirmación de una voluntad unitaria incluso a contracorriente de la sensibilidad inmediata de ciertas capas de vanguardia influidas por el izquierdismo, pueden preparar la respuesta unitaria ante una provocación política, militar o económica de la reacción. Tal réplica podría, a su vez, permitir la realización de un nuevo paso hacia adelante en la construcción de órganos de democracia proletaria. Los éxitos concretos en este terreno son la condición para que se abra de nuevo una perspectiva de dualidad de poderes.

17. Los rasgos dominantes de la situación política y social siguen siendo los de una profunda inestabilidad. Por otra parte la prueba de la correlación de fuerzas entre las dos clases fundamentales de la sociedad portuguesa aún no se ha efectuado, y probablemente se efectúe en torno a la suspensión de los contratos de las princi pales cuestiones económicas (inflación y desempleo, del control obrero, y de la reforma agraria).

Por ello, los marxistas revolucionarios pondrán el acento en la propaganda de gobierno obrero y campesino, en el programa que este debería aplicar para defender las conquistas de la clase obrera y satisfacer las necesidades y aspiraciones de las masas trabajadoras. Además, indicarán que solamente apoyándose en la movilización y la autoorganización del proletariado, encontrarán la fuerza necesaria para resistir al sabotaje de la burguesía y para llevar a la práctica sus decisiones.

La concrección de la fórmula gubernamental en la agitación depende esencialdel grado de movilización, de unidad de acción de las masas y de la dinámica de desarrollo de un movimiento con objetivos inicialmente defensivos. En esta fase transitoria, el objetivo de una consigna de gobierno sigue siendo el de oponer políticamente a la clase obrera en tanto que tal, a todas las demás clases, es decir, a todas las coaliciones gubernamentales que emanen del sistema político

En el caso de que se acentúe la ofensiva capitalista reaccionaria o de que se refuerce entre las masas la credibilidad de un acercamiento entre el PCP y el PS, la fórmula de gobierno deberá incorporar y expresar inmediatamente estos datos por medio de la reivindicación gobierno PC-PS que aplique un programa de defensa y extensión de las conquistas obreras. En el contexto actual, las iniciativas de frente único hacia el PCP y el PS deben articularse con la exigencia dirigida a las direcciones socialdemócrata y stalinista de que "rompan con la burguesía," es decir, que rompan con la colaboración con los partidos burgueses y las instancias que preser-

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van los intereses de la burguesía, particularmente el Consejo de la Revolución.

Si un nuevo impulso del movimiento y de la autoorganización de las masas tomara forma en la posibilidad o en la realización de un Congreso Democrático de los Sindicatos (rebasando la pura y simple problemática sindical) y de un congreso nacional de las comisiones de trabajadores, entonces se manifestarían las condiciones para la organización y la expresión propias de la clase obrera ante los capital y del Gobierno. Estos hechos deben entonces ser integrados a la consigna gubernamental para permitir traducir, en de poder, los objetivos de las

A esta orientación responde la fórmula general de propaganda gobierno obrero y campesino responsable ante las organizaciones de masas de los trabajadores.

Esta fórmula deberá ser concretada en cada etapa precisa en relación con evolución de la correlación de fuerzas, los cambios de la situación política y la recomposición del movimiento obrero que de allí se desprende.

18. Durante el otoño de 1975 el desfase entre el estado de espíritu de las masas y su falta de percepción de una clara salida política, así como su débil nivel de organización, reflejaba la falta dramática de una dirección revolucionaria. La situación que siguió al 25 de noviembre pone a la orden del día una recomposición del movimiento obrero y de sus politicas. Los marxistas revolucionarios pueden jugar un papel importante en ese proceso si son de crear un polo político referencia partiendo de sus fuerzas limitadas y realizando una verdadera reorientación política.

Esto requiere una intervención pública y sistemática que demuestre la capacidad de los militantes trotskistas de proporcionar un análisis y perspectivas para el desarrollo de las luchas. Sólo entonces podrán ser parte activa en la lucha e impulsar el debate de una unidad de acción en la extrema izquierda y desarrollar una ofensiva política hacia los trabajadores del PS y del PCP, desorientados por la política de su

Esta actividad central no podrá tener todo su impacto sino a condición de realizarse con un esfuerzo permanente y paciente de implantación en la vanguardia obrera, ganando para la organización trotskista a trabajadores avanzados que dispongan de capacidad de iniciativa, audacia y que puedan reforzar su influencia y su autoridad en las filas obreras.

Además, la extensión de la fuerza de los marxistas revolucionarios exige la reagrupación de todas las fuerzas trotskistas en una misma organización, la sección portuguesa de la IV Internacional. Esto implica que la LCI busque una unidad de acción prioritaria con el PRT

(Partido Revolucionario de los Trabajadores) con miras a una fusión.

19. Los militantes trotskistas estarán a la cabeza de las movilizaciones de solidaridad con las masas angoleñas que han combatido por la defensa de la independencia durante 15 años de obstinada lucha. Deben defender la República Popular de Angola, contra la santa alianza de los imperialistas, los racistas y los reaccionarios locales, así como apoyar la lucha del contra la invasión de Timor por las tropas indonesias.

Los vínculos entre las luchas de los trabajadores de España y Portugal representan la necesidad de una campaña de solidaridad con los combates del proletariado español contra el régimen de Juan Carlos, dada sus repercusiones objetivas sobre el desarrollo de la situación en Portugal. Además, esta campaña proporciona un apoyo de gran valor para los militantes de la revolución española. Las estrechas relaciones que deben mantener los militantes de la Península Ibérica constituye un apoyo estable a esta actividad internacionalista.

Cualquiera que sea la dimensión del retroceso limitado resultante de los acontecimientos del 25 de noviembre, la revolución portuguesa sigue encarnando para centenas de millares de trabajadores la esperanza de la revolución socialista en la Europa capitalista. Frente a los plazos decisivos que se avecinan en el curso de la revolución portuguesa, la solidaridad internacional militante de los trabajadores de Europa con sus hermanos portugueses va a tener una grandísima importancia en el desarrollo de los futuros combates de los obreros portugueses.

La IV Internacional participa plenamente en la construcción de este movimiento de solidaridad, uno de cuyos objetivos centrales es la liberación de todos los militantes y soldados golpeados por la represión a partir del 25 de noviembre.

2 de diciembre de 1975

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