Por los derechos de la mujer obrera
Las trabajadoras del mundo comienzan a romper sus cadenas
La presente es una declaración del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional (Partido Mundial de la Revolución Socialista) con ocasión del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Esta traducción se basa en una aparecida en "Combate", periódico de la Liga Comunista Revolucionaria de España.
"La mujer del siglo veinte ha llegado a la mayoría de edad en términos políticos y reivindica sus derechos ciudadanos con
Así comenzaba el llamamiento distribuido en decenas de miles de ejemplares en Alemania el día de la primera Jornada Internacional de las Mujeres en 1911. "¡En pie, vosotras, mujeres e hijas del proletariado! Comienza la batalla por la extensión del derecho al voto. El 18 de marzo es vuestro día, el día en que debéis expresar que estáis hartas de tener los mismos deberes sin tener los mismos derechos".
La propuesta de Clara Zetkin de celebrar un día cada año conmemorando la lucha de las mujeres por su emancipación fue aprobada por la segunda conferencia de mujeres socialistas en Copenhague en 1910. Si la batalla por la obtención del derecho de voto fue la consigna principal de la primera Jornada Internacional, fue para protestar sobre el alza de los precios y los bajos salarios que las obreras del textil de Petrogrado llamaron a una huelga general de un día en marzo de 1917. Se sabe el papel que jugaron como detonante en la ola de huelgas que llevó al derrocaVictimas de la crisis económica
Cerca de tres cuartos de siglo más tarde, las mujeres continúan luchando para hacer valer sus derechos, y han comprendido que se trata de una batalla larga y dura. A pesar de todas las declaraciones pretendiendo poner fin a todas las desigualdades que padecen, las mujeres continúan sufriendo discriminaciones en todos los terrenos.
"Mal pagadas, las últimas en encontrar trabajo, las primeras en ser despedidas". Esta afirmación nunca ha sido tan cierta como hoy. Como los jóvenes, como los trabajadores inmigrantes y las minorías oprimidas, las mujeres son las primeras en pagar los gastos de la crisis económica. En países como Francia, la tasa de desempleo de las mujeres ha aumentado más rápido que la de los hombres en los dos últimos años. Ninguno de los países de la Comunidad Económica Europea aplica las directrices sobre la igualdad de salarios. En Gran
Bretaña, por ejemplo, después de diez años de aprobada la ley sobre la igualdad de salarios, las mujeres no ganan como media por ciento del salario de los hombres. La política de austeridad impuesta por la burguesía a la clase obrera se salarios, sino también en una restricción drástica de los créditos a los servicios sociales: cierre de guarderías, de escuelas, de hospitales. Todas estas medidas afectan, en primer lugar, a las mujeres y, en particular, a las trabajadoras porque son consideradas, no sólo responsables de las tareas domésticas, sino también las encargadas del cuidado de los niños, los enfermos y los viejos.
Frente al mantenimiento de todas estas desigualdades, la tendencia al aumento del número de mujeres asalariadas en los países capitalistas y en los países semicoloniales es, sin embargo, un fenómeno irreversible y fuente de contradicciones Un movimiento internacional
En 1978, cien mil mujeres se manifestaron en Estados Unidos para pedir la igualdad de derechos en la Constitución.
En 1978, las obreras de una empresa en Canadá se pusieron en huelga para que se les reconociera el derecho para organizarse y obtener un contrato de trabajo. Sólo hace unas semanas, frente a las homilias del Papa y de los obispos que amenazaban con el fuego eterno a todos aquellos que "violan los valores cristianos" o no respetan el "derecho a la vida" siete mil mujeres italianas se manifestaron en Florencia para reclamar la aplicación de la nueva ley sobre el aborto y el derecho a decidir libremente si quieren hijos o no. Paises coloniales y semicoloniales
Uno de los signos más evidentes de la extensión de la radicalización de las mujees la aparición de un movimiento autónomo en numerosos países coloniales y semicoloniales. En Africa del Norte, Africa Central o Asia, asistimos al nacimiento de grupos feministas desde el punto de vista numérico- que atestiguan el impacto del movimiento de mujeres mundial. En América Latina, en particular, y en varios países hemos visto luchas por reivindicaciones feministas y el surgimiento de grupos coordinados entre sí. Testimonio de esto es la primera conferencia de mujeres en Colombia, celebrada en diciembre en Medellín, que reunió a más de 300 delegadas representantes de grupos de distintas ciudades [Ver Perspectiva Mundial, Vol. 3, No. 4, p. 6.]
Nadie duda que el proceso revolucionario en Irán, que ha tenido en la cabeza de las movilizaciones a las mujeres, contribuirá a reforzar el movimiento de radicalización de las mujeres en ese país y las llevará a poner en cuestión, al mismo tiempo que las formas de opresión de la sociedad de clases, los rasgos más reaccionarios de la religión islámica que justifica los peores aspectos de la opresión de la mujer. Papel creciente de la mujer obrera
Pero el desarrollo más importante, desde el año pasado, en la lucha de liberación de la mujer ha sido la interpenetración creciente de la lucha de las mujeres en la lucha de la clase obrera. Por un lado, hemos asistido en 1978 a la intensificación, en los países capitalistas, de los ataques contra el nivel de vida y los derechos de todos los trabajadores y en particular los de las mujeres, de los jóvenes y de todos aquellos grupos especialmente oprimidos. Por otro lado, el año pasado se ha producido una reacción cada mayor, contra esos ataques por parte de los sectores más fuertes del movimiento obrero —como la huelga de mineros del carbón en Estados Unidos, la huelga de la Ford en Inglaterra y la huelga de la siderurgia en Alemania y más recientemente en Francia.
El auge de las luchas del sector más fuerte de la clase obrera en el mundo da nuevas perspectivas a la lucha de las mujeres. Dará mayor confianza a las mujeres de la clase obrera para luchar por sus propias reivindicaciones en el trabajo y en el seno de los sindicatos. Puede también aportar una transformación del nivel de conciencia en el interior del movimiento autónomo de las mujeres, al revelar la posibilidad de una alianza entre el movimiento de mujeres el movimiento revigorizado y militante, que puede conducir a la clase obrera al poder asumiendo las reivindicaciones de todos los oprimidos. Resistencia a política de austeridad
Un ejemplo de esta interpenetración creciente puede observarse en los desarrollos más recientes al interior del sindicato de los trabajadores metalúrgicos en Italia, la FLM. La FLM estuvo en las primeras filas de la resistencia a la política capitalista de austeridad, habiendo organizado una manifestación de 100000 obreros contra el gobierno, en Roma a principios de diciembre. Bajo la influencia del movimiento de liberación de las mujeres y de mujeres pertenecientes al sindicato, la FLM rehusó aceptar la introducción de trabajo a medio-tiempo en los contratos
negociados por las direcciones sindicales con la patronal. Las mujeres delegadas explicaron en una conferencia del sindicato que "el medio-tiempo no puede ser el primer paso hacia ese objetivo (la reducción de las horas de trabajo para todos), precisamente en la medida que divide a los trabajadores en lugar de lograr la participación de todos en el debate sobre la cuestión de la relación entre el tiempo de trabajo y el tiempo libre".
Entre las soluciones alternativas que ellas propusieron, avanzaron notablemente la demanda de que las mujeres tengan acceso a todo tipo de trabajos y a cursos de capacitación profesional. Comisiones femeninas sindicales
Por su parte, las delegadas sindicales de las Comisiones Obreras españolas libraron el año pasado una batalla similar, logrando que se diera un debate en los congresos sindicales sobre la plataforma reivindicativa que ellas alzaban, sobre la necesidad de que las direcciones impulsaran la creación de comisiones femeninas sindicales, y sobre los lazos a establecer entre el movimiento sindical y el movimiento autónomo de mujeres.
Otro ejemplo de esta interpenetración creciente es Estados Unidos, donde durante años el movimiento obrero parecía presentar un aspecto monolítico, conservador y hostil al movimiento autónomo de las mujeres, así como a los intereses de sus propios miembros. La combatividad de la huelga de los mineros del carbón comenzó a resquebrajar esa imagen y a inspirar a otros sectores del movimiento obrero, al mostrarles la posibilidad para los sindicatos de jugar un nuevo papel. La agitación en las filas de la clase obrera en Estados Unidos llevó a burócratas sindicales como Douglas Fraser, del United Autoworkers [UAW-Sindicato de Trabajadores Automovilísticos], a llamar a una alianza entre el movimiento obrero, el movimiento de liberación de las mujeres y el movimiento de liberación negro. Si bien para Fraser este no fue más que un discurso destinado a pulir su imagen, sí refleja los cambios en el nivel de conciencia producidos en el movimiento obrero y en el movimiento de las mujeres, cambio ilustrado notablemente por la decisión de NOW [National Organization for Women-Organización Nacional para las Mujeres] de organizar en 1979 una conferencia nacional sobre la situación de las mujeres en los sindicatos y su organización en el lugar de trabajo. Abusos sexuales en los empleos
Otro aspecto de la radicalización de las trabajadoras es que sus reivindicaciones no se dirigen sólo a cuestiones laborales, sino a reivindicaciones referidas a su opresión específica. Es así que el Comité por los Derechos de la Mujer de la Federación del Trabajo en Canadá ha votado, en el último congreso de esa federación, una resolución sobre las tareas del sindicato en relación a
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AIR BOR Piquete en la huelga de los astilleros de Newport News, Estados Unidos. Las obreras serán la vanguardia del movimiento de liberación de la mujer. la lucha contra los abusos sexuales que sufren las trabajadoras cotidianamente. La lucha contra estos abusos es decisiva para las trabajadoras —sobre todo para las menos cualificadas, que temen perder su trabajo— con el fin de oponerse a la opresión sexual de sus patrones, de los capataces, el documento insistirá sobre la responsabilidad de los sindicatos en la denuncia de casos concretos en los que las trabajadoras son víctimas, y en la educación de sus propios miembros en relación a
Esta toma de conciencia de las trabajadoras de la necesidad de luchar contra su opresión, a todos los niveles, comienza a dar sus frutos en el movimiento obrero en su conjunto. Hemos visto, hace algunos meses, 500 delegados en Gran Bretaña -hombres y mujeres— asistir a la conferencia sobre el aborto organizada por la NAC [Campaña Nacional por el Aborto] y el LARC (agrupamiento en el seno del Partido Laborista que lucha por el derecho al aborto).
Apoyada por cinco sindicatos nacionales y numerosas secciones sindicales, esta conferencia reunió a delegadas y delegados de sectores tan diversos como la salud, los servicios públicos, la industria mecánica, el transporte, la enseñanza, el periodismo, el tabaco e incluso el sector minero, para debatir principalmente qué tipo de campaña hace falta para luchar contra los cortes de fondos a los servicios de la salud y forzar al gobierno a abrir centros donde las mujeres puedan obtener un aborto por
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John Cobey/Militant succión, con o sin anestesia, sin demora y sin ser hospitalizadas.
Estos ejemplos demuestran que la radicalización de las mujeres no es el patrimonio exclusivo de una capa estrecha intelectuales relativamente privilegiadas, como fue el caso hace diez años al momento del surgimiento del movimiento de liberación de las mujeres. Hoy son centenares, decenas de centenares de miles mujeres trabajadoras las que luchan contra todo lo que funda su explotación y opresión específica.
Este hecho, al igual que el combate creciente de los sectores más potentes de la clase obrera contra la ofensiva burguesa abre nuevas posibilidades a los militantes revolucionarios para discutir sobre la estrategia necesaria para obtener la liberación de las mujeres.
Las mujeres pueden ver, ahora más claramente, como es posible transformar los sindicatos en organizaciones de lucha que se liguen al combate de todos los oprimidos. La estrategia a seguir para conseguir la liberación de las mujeres debe consistir en la alianza entre el movimiento de mujeres y un movimiento obrero combativo.
Las mujeres trabajadoras son las futuras dirigentes del movimiento de liberación de la mujer, y su papel está en establecer esta alianza entre la gran potencia del movimiento obrero y las organizaciones autónomas, que hasta ahora han sido la punta de lanza en la lucha por las reivindicaciones de las mujeres.