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IV Internacional

¡Abajo con Somoza! Solidaridad con la lucha del pueblo de Nicaragua

Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional · 16 de julio de 1979

Traducción publicada en Perspectiva Mundial vol. 3, n.º 14, pp. 11-13; se reproduce con la autorización de sus editores. Ver el escaneo original.

Nicaragua Polonia Estados Unidos Centroamérica

¡Abajo con Somoza!

Solidaridad con la lucha del pueblo de Nicaragua

La tarea fundamental es el derrocamiento revolucionario de Somoza y su régimen. Esta derrota del imperialismo daría nuevo impulso a las movilizaciones de las masas

Declaración del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional, emitida el 4 de julio de 1979.

La crisis general de la dictadura somocista que se desató en enero de 1978 se convirtió en junio de 1979 en una confrontación decisiva, adquiriendo la forma de una verdadera guerra civil en la cual miles de obreros y campesinos ya han dado sus

Las movilizaciones masivas y las acciones crecientemente amplias y audaces de los que combaten bajo la Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) sacuden cada vez más profundamente y empujan al borde del abismo a uno de los regímenes más sanguinarios de América Latina, poniendo en cuestión el dominio imperialista en la región.

La crisis del somocismo afecta a Centro América en su conjunto. Ha debilitado a las dictaduras militares de Guatemala, El Salvador y Honduras, las cuales siempre han recibido el apoyo de Somoza. Pero también afecta a los regímenes burgueses de Costa Rica y Panamá. Si estos gobiernos desde hace algún tiempo se han distanciado de Somoza y si hoy en día se oponen abiertamente a él, es para reforzar a poco costo su imágen democrática a los ojos de las masas atraídas por la ejemplar lucha del pueblo nicaragüense y para hacer posible una alternativa al somocismo que no amenace el marco del sistema capitalista.

El régimen de Somoza había gozado de una estabilidad relativa en el período que siguió al aplastamiento en 1954 de la revolución guatemalteca por una intervención directa del imperialismo norteamericano con el apoyo de una coalición de las oligarquías reaccionarias de la región. La existencia de la tiranía somocista contribuyó de una manera muy importante a mantener el statu quo durante casi un cuarto de siglo.

En el campo de la economía ese período fue marcado por una entrada masiva de capital y el establecimiento a comienzos de los años 60 del Mercado Común Centroamericano, un instrumento dirigido a facilitar la penetración imperialista en la región. Guatemala y El Salvador, y en menor medida Nicaragua y Costa Rica, experimentaron los inicios de una industrialización que fortaleció socialmente al proletariado. Pero fueron sobre todo en sus economías agrícolas que se registraron considerables transformaciones. La llamada reforma de la agricultura significó de hecho sustanciales inversiones, una racionalización y modernización tecnoló-

Una rebelión de obreros, campesinos y masas trabajadoras. latinoamericanas. gica y un aumento de la productividad en el cultivo de productos de exportación como la banana, el algodón, el café y el

Las empresas imperialistas y los grandes terratenientes que se adaptaron a las nuevas condiciones fueron los principales beneficiarios de estos cambios. La estructura latifundista tradicional y los residuos de las relaciones semifeudales cedieron más y más su lugar a una estructura agrícola capitalista y el desarrollo y crecimiento de un proletariado agrícola. La concentración de la propiedad, lejos de ser contrarrestada, se acentuó aún más (en 1976, el 6.2% de los propietarios agrícolas en Centro América poseían casi las tres cuartas partes de las tierras cultivables [73.2%], mientras que el 69% se dividían el 6.5%). Las grandes masas campesinas pagaron las consecuencias. Privadas de sus tierras o forzadas a ganarse la vida en parcelas cada día más pequeñas y menos productivas, han visto que sus condiciones de vida se deterioran dramáticamente. Si a esto añadimos un crecimiento demográfico de los prende por qué en El Salvador, en Honduras y en Nicaragua ha madurado una situación explosiva que las clases dominantes sostenidas por el imperialismo han buscado neutralizar mediante una represión brutal y sistemática.

La guerra que estalló en 1969 entre El Salvador y Honduras fue uno de los episodios que marcaron ese período. Esta guerra fue, en última instancia, el resultado de tensiones y de conflictos internos ligados al desempleo masivo y a la lucha de los campesinos por la tierra. La oligarquía salvadoreña, una de las más represivas de América Latina, en colaboración con la de Guatemala y con Somoza había favorecido sistemáticamente la emigración masiva de campesinos sin tierra a Honduras, donde la densidad demográfica es mucho menor. La reacción de las clases propietarias de Honduras llevó a un conflicto político y militar, gracias al cual el imperialismo norteamericano, atribuyéndose el rol de árbitro, pudo realmente incrementar su influencia directa en la región.

Esta guerra tuvo numerosas otras reper cusiones. Ante todo significó el fin del Mercado Común Centroamericano y dejó al desnudo aún más claramente la incapacidad de las clases dominantes autóctonas, enfeudadas al imperialismo, para dar la más mínima solución a los problemas económicos y sociales de la región. Condujo a una agudización no solamente de las disparidades entre los diferentes países, sino también y sobre todo de las contradicciones sociales en su seno (por ejemplo, en El Salvador, pero aún más en Nicaragua).

Nicaragua es el país de la región donde el dominio imperialista ha sido más abierto y más extremo. Anastasio Somoza García, el fundador de la dinastía hace cuatro décadas, fue impuesto por una intervención norteamericana directa. La

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Guardia Nacional, pilar militar del somocismo y del poder capitalista en el país, fue formada por el imperialismo como un ejército de mercenarios. Ligada íntimamente al dictador y a sus intereses económicos y políticos, la Guardia Nacional ha sido la estructura en que se apoya la administración y la "justicia".

Somoza y su familia controlan gran parte de la economía nicaragüense, a saber, casi la tercera parte de la tierra cultivable, la mayor parte de los sectores industriales más rentables, de la importación y del transporte. Muy frecuentemente, sus inversiones en Nicaragua, como en el resto de los países de Centro América, están combinadas con las de las compañías multinacionales de origen norteamericano. Por esto la crisis del somocismo se confunde con la crisis de la dominación burguesa e imperialista.

Para el imperialismo, el significado de la crisis en Nicaragua sobrepasa en gran medida las fronteras del país. Lo que está en peligro de hundirse es el dominio entero del imperialismo en el istmo centroamericano, una región económica, política y estratégicamente decisiva. Washington trata y tratará de hacer todo lo que está en su poder para que la agonía del somocismo no abra el camino a un desafío de sus intereses fundamentales. Una intervención norteamericana directa por lo tanto no se debe excluir, pese a todos los obstáculos políticos considerables que se derivan tanto de las particularidades de la crisis nicaragüense como de la crisis más general que ha sufrido el imperialismo a raíz de la guerra de Vietnam. Pero tal intervención, sobre todo ante la ausencia de una alternativa burguesa pro imperialista creíble, se vería inmediatamente por lo que es: un apoyo al somocismo, si no al mismo Somoza, con el fin de aplastar la rebelión del pueblo nicaragüense.

Desencadenaria un masivo levantamiento antimperialista en todo el continente. Esto es exactamente lo que temen los gobiernos latinoamericanos que se opusieron a la perspectiva de una intervención durante la reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA) en junio, derrotando el proyecto declarado del portavoz de Washington, Cyrus Vance. Los trabajadores norteamericanos, quienes no han olvidado la guerra de Vietnam y sus consecuencias, también manifestarán su oposición a una nueva aventura militar.

Los imperialistas tampoco pueden pasar por alto la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores en La Habana: "La intervención de los Estados Unidos en Nicaragua crearía un Vietnam en el corazón mismo de América Latina. El pueblo nicaragüense y los de Centroamérica se alzarían sin dudas contra esa intervención extranjera y sus demás hermanos de la América Latina y el Caribe no serían indiferentes a este genocidio. [.. ] Hay que evitar esta intervención. Hay que denunciarla con decisión y valentía ante la opinión pública y en los organismos internacionales". Respondiéndo a esto, los imperialistas de Estados Unidos inmediatamente lanzaron una nueva campaña contra Cuba.

Es a partir de este punto que se debe comprender la combinación de amenazas de intervención maniobras políticas y diplomáticas por parte del imperialismo y de sus aliados latinoamericanos. Se han multiplicado los contactos con el gobierno provisional de reconstrucción nacional en el que están representantes del FSLN. La perspectiva de la intervención de fuerzas latinoamericanas, llamadas de la paz, encargadas de "separar a los beligerantes", se prepara activamente mientras que Somoza, oficialmente condenado, sigue masacrando impunemente al pueblo nicaragüense y se esfuerza por reconquistar parte del terreno perdido. De hecho esta masacre es alentada por el imperialismo, ya que golpea directamente a las masas populares y debilita a las fuerzas del FSLN. Aún en su agonía de muerte la dictadura somocista no deja de cumplir su papel de defensa de los intereses del imperialismo y las clases explotadoras autóctonas. Si fuera necesario el imperialismo enviaría un "fuerza de paz" destinada a preparar una alternativa burguesa a la dictadura, y a crear la mejor relación de fuerzas para garantizar la integridad del aparato de estado existente, especialmente de la Guardia Nacional.

Las iniciativas militares del FSLN, que gozan cada vez más del apoyo activo de las masas, la rebelión de los campesinos, los obreros, y las masas populares de las ciudades, la ocupación de zonas importantes del país por los insurgentes, con la formación de comités populares que se encargan de las necesidades elementales de la población, han provocado una división fundamental: dos fuerzas sociales enfrentadas en una verdadera guerra civil. La tarea fundamental ahora es asegurar la victoria de esta lucha mediante el derroca. miento revolucionario de Somoza y de su régimen, que marcará una nueva derrota mayor para Washington y el imperialismo en su conjunto y dará nuevo impulso a las movilizaciones de las masas en la región.

Los marxistas revolucionarios en Nicaragua y en todo el mundo se colocan sin reserva alguna del lado de los combatientes sandinistas y de todos aquellos que participan activamente en la lucha contra la dictadura somocista y sus amos imperialistas. En Nicaragua nuestros camaradas están uniéndose a las movilizaciones de masas y participan en su heroíco combate. Nuestras organizaciones en todo el mundo, especialmente en los países de América Latina y en las metrópolis imperialistas, deben extender la campaña internacional de solidaridad con la lucha del pueblo nicaragüense. Tal campaña del movimiento obrero puede y debe adquirir una importancia decisiva.

Si en efecto las masas se movilizan en toda América Latina en apoyo a la revolución nicaragüense, si al mismo tiempo las masas de los países imperialistas y especialmente las de Estados Unidos manifiestan sin lugar a dudas que no tolerarán una guerra de agresión contrarrevolucionaria, les será muy difícil a los gobernantes imperialistas y burgueses "nacionales" intervenir militarmente para defender al acorralado régimen somocista. Es por esto que la campaña de apoyo a la lucha del pueblo de Nicaragua es una tarea política inmediata de primera importancia.

La presencia directa de tropas norteamericanas junto con el carácter de los lazos entre el régimen de Somoza y el imperialismo siempre han dado una dimensión antimperialista inmediata a las luchas del pueblo nicaragüense. César Agusto Sandino dirigió en los años 20 levantamientos populares contra la intervención militar imperialista. Pese a la derrota de este movimiento y el asesinato de Sandino, el sandinismo, corriente nacionalista revolucionaria pequeñoburguesa antimperialista, se enraizó profundamente en las masas explotadas nicaragüenses. Las corrientes reformistas obreras no adquirieron jamás una base sustancial, y el Partido Comunista en particular fue desacreditado tras su apoyo a Somoza durante la Segunda Guerra Mundial. Por el otro lado, la victoria de la revolución cubana desencadenó un proceso de radicalización, como en otros países de América Latina, y reforzó la corriente nacionalista revolucionaria por el mismo hecho que el Movimiento 26 de Julio, en su lucha contra Batista, era similar al sandinismo.

Este proceso culminó en 1964 con la formación del FSLN, que se ubica en la tradición histórica y popular de la lucha antimperialista de Sandino. Corriente antimperialista de orientación política peque ñoburguesa, el FSLN se fijó la perspectiva de una revolución democrático burguesa. La lucha del FSLN, influenciada en gran parte por los cubanos y concebida por todo un período esencialmente como una guerra de guerrillas, ha conocido múltiples altibajos. Pero fue sobre todo la insurrección de septiembre de 1978 que, pese a su derrota, reveló sin lugar a dudas el apoyo masivo a la lucha del FSLN, y aumentó sensiblemente ese apoyo. Hoy el FSLN cuenta con el apoyo de las grandes masas de los explotados en las ciudades y el campo, que se identifican con éste en sus luchas. Por lo tanto, el FSLN juega en esta etapa un papel decisivo en la lucha contra la dictadura y el imperialismo.

La lucha de las masas nicaragüenses contra la dictadura y el imperialismo adquiere una dinámica de revolución permanente aún más inmediata que en muchos otros países coloniales o semicoloniales. El dominio imperialista y el dominio de la burguesía nacional, la propiedad capitalista y la propiedad de la familia Somoza y de las sociedades imperialistas se identifican casi totalmente. Esto quiere decir que

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la lucha contra el imperialismo es al mismo tiempo una lucha contra el dominio de la burguesía autóctona, y la lucha contra la familia Somoza y los pulpos multinacionales es una lucha contra el dominio capitalista en su conjunto.

El problema ya se está planteando concretamente. Después del derrocamiento de Somoza, ¿cómo avanzar los intereses de las masas?

¿Respetando los trusts norteamericanos, japoneses y europeos que sostuvieron al régimen somocista hasta el fin y permitiéndoles explotar como antes a las masas que protagonizaron la lucha revolucionaria?

¿Aceptando los pagos de la dueda exterior de la dictadura e hipotecando seriamente el futuro desarrollo económico del país?

¿Aceptando que a nombre de la "continuidad del estado" sigan en su lugar los asesinos de la Guardia Nacional, siempre listos a lanzar de nuevo su feroz represión?

¿Aceptando que a nombre de la "solidaridad nacional" los campesinos continúen siendo explotados brutalmente y despojados de sus derechos más elementales por los grandes terratenientes que ahora oponen a la pandilla de Somoza?

Para los revolucionarios nicaragüenses y para los revolucionarios de todo el mundo está claro que si el derrocamiento de Somoza no termina en el derrocamiento del dominio de los imperialistas y de la burguesía nacional, toda victoria será efímera, a las masas se les negarán rápidamente todas las conquistas que habrán arranimperialistas y sus portavoces no esconden el hecho que su preocupación principal es evitar que la revolución nicaragüense tome la vía cubana.

La respuesta de los revolucionarios es impedir que revolución nicaragüense sufra el mismo destino que la revolución guatemalteca de los años 40 y 50, de la revolución boliviana de los años 50, del ascenso obrero y campesino en Chile en los años 70. El interés elemental de las masas nicaragüenses, las masas latinoamericanas y las masas de todo el mundo es que la revolución nicaragüense siga el ejemplo cubano, derrocando a la dictadura, expulsando al imperialismo, sacando del poder y expropiando a las clases dominantes autóctonas. Así, crearán las condiciones para satisfacer las necesidades fundamentales de las masas en cuanto a la alimentación, la vivienda, la salubridad, la educación y el empleo.

Dentro del FSLN existen claras divisiones políticas e ideológicas: la tendencia "tercerista" o "insurreccional", que es la preponderante. Esta tendencia es la que determina la orientación y los métodos del FSLN y fue la que, entre otras, impulsó la ofensiva de septiembre de 1978. Partidarios de la colaboración con sectores burgueses antisomocistas, los terceristas han privilegiado las acciones de los destacamentos armados del Frente, y no atribuyen a la movilización organizada de las masas más que un papel de apoyo. Esto ha creado tensiones en el pasado y podría llevar a muchos conflictos en el futuro.

La tendencia llamada "guerra popular prolongada" tiene una orientación ecléctica, que toma prestados elementos del maoísmo y del castrismo. La tendencia "proletaria", insiste en la importancia del papel de la clase obrera en la lucha contra el imperialismo y el capitalismo, pero no pone en cuestión la estratégia fundamental del FSLN, su política de alianzas y com-

La formación del gobierno de reconstrucconocidos representantes del ala antisomocista de la burguesía, Violeta de Chamorro, Alfonso Robelo y Sergió Ramírez, junto con los representantes del FSLN, demuestra que el concepto de la revolución democrática no carece de implicaciones prática inmediata de la lucha revolucionaria. De hecho, el gobierno de reconstrucción nacional es una carta que la burguesía está jugando para impedir que derrocamiento de Somoza conduzca a la explosión de las estructuras socioeconómicas capitalistas y el aparato de estado burgués. Por consiguiente se topará con los

By las aspiraciones de la vasta mayoria de los que luchan contra la dictadura y su Guardia Nacional asesina. Esto presenta un peligro concreto para el desarrollo de la batalla militar en curso y aún más para el resultado victorioso de la lucha revolucionaria en su conjunto.

Para alcanzar los objetivos de las masas explotadas y oprimidas y para enfrentar toda intervención imperialista, es necesario generalizar el armamento de masas y crear milicias obreras y campesinas, hay que luchar por extender y fortalecer los organismos que las masas han comenzado a crear en el curso de la guerra civil, para hacer valer sus demandas y defender sus intereses vitales.

Ante toda operación que busque imponer una solución de recambio sobre la base de mantener el aparato del régimen somocista, la lucha por la convocación de una asamblea constituyente elegida por el sufragio universal, directo y secreto, podría concentrar las aspiraciones expresadas por las masas en su lucha contra la dictadura.

En el marco de la lucha por derrocar a la dictadura, que es la tarea inmediata primordial, los marxistas revolucionarios lucharán por:

• La disolución de la Guardia Nacional

• La libertad para todos los presos políticos.

• La conquista de todos los derechos democráticos (libertad de prensa, de expresión, de organización política y sindical sobre todo).

• La denuncia de todos los pactos políticos, económicos y militares con las potencias imperialistas y la OEA.

• La anulación de la deuda exterior acumulada por la dictadura en el interés de las clases explotadoras y el imperialismo, y el rompimiento con el Fondo Monetario Internacional.

• Expropiación y nacionalización, sin indemnización y bajo control obrero, de todas las propiedades de Somoza, de su familia, de los altos funcionarios del régi men, del imperialismo y de los capitalistas "nacionales"

• La realización de una verdadera re forma agraria que dé la tierra a los campesinos que la exigen y que les asegure los medios para cultivarla.

Solamente un gobierno que defienda los intereses de los obreros, de los campesinos y de las otras capas sociales explotadas, que excluya a todo representante de las clases dominantes y del imperialismo, que se apoye en el movimiento y los organismos de masas, podrá realizar tal programa correspondiente a los intereses vitales del pueblo nicaragüense y a las necesidades del desarrollo y el fortalecimiento de la revolución.

¡Por el derrocamiento de la dictadura somocista!

¡Por la victoria de las masas nicaragüenses y los combatientes del FSLN!

¡Por una campaña de solidaridad internacional contra toda tentativa de intervención y de chantaje político, económico y militar del imperialismo!

¡Por el rompimiento de relaciones diplomáticas con Somoza!

¡Ni un centavo, ni un arma para la dictadura!

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